BÁRBARO Y "MANDINGO", EL BAJISTA DE LOS FABULOSOS CADILLACS 
IMPRIME SENTIDO A SU VIDA DE MÚSICO DESDE MONTERREY, DONDE HA FORMADO UNA AGRUPACIÓN QUE HOY POR HOY ES SU PRIORIDAD. 

CHE FLAVIO REGIO



FLAVIO Y LA MANDINGA. Rodeando a Flavio, de izquierda a derecha. Franco Pace (bajo), Gonzalo Salado (percursión), Pablo Oporto (guitarra eléctrica y voz), Gustavo "Bolsa" González (batería) y Camilo Mejía (flauta).


    Sobre el asador hay un pequeño reproductor de discos que toca un compacto de jazz y sus hijos Astor y Jaco ("mi güero y mi negrito") juegan a la pelota. Jenny ("mi negra") está dedicada a los quehaceres de la cocina. Él está extendido tan voluminoso como es sobre una hamaca colgada en el fondo del patio de la casa. Tiene en sus manos Rayuela, la novela de Cortázar. Es la 1 de la tarde y el hombre se repone de la desvelada del día anterior en que terminó de grabar el demo de La Mandinga, su nuevo proyecto musical para enviarlo a Nueva York con su amigo el influyente promotor Tomás Cookman.
"A ver qué pasa. No me quiero ilusionar ni desilusionar", dice por decir algo. Se carga un short tipo bermudas, informal, va descalzo y lleva una camiseta de algodón que le regaló un poeta local. Tiene el físico de un jugador de rugby y un rostro gruñón que hace recordar al futbolista francés Eric Cantoná, pero es un tipo que transpira buena onda. En una banca de madera yace una pila de libros (30 tangos en guitarra, una antología de poetas mexicanos, The best of the bossa nova) y una columna de cds (Pescado Rabioso, Raúl Carnota, Serú Girán, Astor Piazzolla y Willy Gonzáles Tupa). Recostada en esta banca de madera hay una guitarra española que parece implorar la atención de su dueño, y muy cerca de aquí un gallo quiquiriquea permanentemente.


-¿Cómo estás?
-Estupendo.
-¿Y vos?
-Bien.
-¿Unas cervezas mientras está la comida?
-Okey. Gracias.
-De un argentino podría esperar un no, pero de un mexicano…


    El músico festeja su ocurrencia.


    La casa que alquila desde hace seis meses Flavio Cianciarulo –compositor, bajista, productor, colíder y a veces cantante de Los Fabulosos Cadillacs, la banda argentina más famosa en México en los últimos años- es una residencia amplia, que incluye alberca, jardín y palapa, y está decorada en su interior estilo mexicano con cuadros de enmascarados y luchadores colgados en las paredes. Se ubica en García, un municipio a 30 minutos de Monterrey
“Monterrey es una ciudad perfecta para que crezcan mis hijos. Quizás si no estuviera casado, viviría en México, Buenos Aires, París, ciudades que están hechas para un hombre soltero, pero afortunadamente estoy casado, y mi esposa es de aquí y bueno… bárbaro”.
    Es raro y divertido escuchar hablar a este argentino de 38 años. Su acento es tradicional porteño, pero su vocabulario se ha enriquecido con palabras mexicanas (“Está chido”, “La situación en Argentina está muy cabrona”, “No vale verga”) que escupe sin sonrojarse.
Igual de curioso es escuchar también el acento de su compañera sentimental desde hace 10 años, la regiomontana Jenny, que ha sido víctima del acento che. “Andate. Dejá sólo a tu padre”, le ordena a Astor, su hijo de 5 años.
    A los 20 años, Jenny viajó a Europa enamorada del montañismo, luego cruzó de retorno el charco para trepar el Aconcagua, en Argentina la invitaron a trabajar en un restaurante mexicano y ahí …mmmhhh… conoció por casualidad –una cita ciegas, según Borges– a Flavio.



UNA BANDA REGIOARGENTINA
    -Musicalmente en estos momentos –aclara Sr. Flavio, el autor de “Matador” y otros temas inmortales del rock argentino- La Mandinga es lo más importante. No es un proyecto alterno a Los Fabulosos, sino soy yo cantando mis canciones. Yo escribí siempre para que cantara otro, para una persona, que es Vicentico, que tenemos un feeling, que somos como hermanos, más que hermanos; pero soy un autor-compositor de toda la vida y esto me permite cantar mis canciones. No pretendo ser un gran cantante, sólo pretendo cantar mis canciones, y tampoco pretendo ser un gran guitarrista, tan sólo pretendo tocar mis canciones.
F    lavio relata la historia de La Mandinga, nombre que hace referencia al diablo en los campos de la pampa, pero también a una región de África. Es una agrupación compuesta por los argentinos Gustavo "Bolsa" Gonzáles (batería), Pablo Oporto (guitarra eléctrica y voz), Franco Pace (bajo) y Gonzalo Slado (percursión), y el regiomontano Camilo Mejía (flauta y voz). El líder toca la guitarra acústica, canta y escribe las canciones.
"Así como uno necesita respirar, un músico necesita tocar, lo que sea, como sea, de la manera que sea", expresa Flavio. "Fue algo que comenzó muy casual, me vinculé con músicos argentinos, residentes en Guadalajara y, bueno tentados por lo que ofrece Monterrey al panorama musical y todo lo que hay por hacer, se vinieron para acá. La intención era formar una banda méxico-argentina, pero al final, sólo quedó un músico mexicano... ha tantos argentinos dando vuelta que no lo pude evitar".
    La Mandinga es una banda de argentinos, pero de Monterrey por más "rivetes exóticos" que posea, putualiza Flavio. Es un proyecto que rescata ritmos afrolatinos y populares como el candombe, la murga, el bossa nova, la comparsa, el tango, la salsa sudamericana. Las letras de las canciones hablan de temas intimos y personales, de Monterrey y algunos presonajes locales, como el poeta que raya la ciudad con sus poemas.
"La Mandinga no es rock. La verdad no sé por donde está. La otra ovez que tocamos en el (Café) Iguana, más allá de que soy fanático del Igualna, me encanta, pero no sé si La Mandinga esté allí, lo veo más... quizás me equivoque.. lo veo por otro camino. Lo que nosotros pretendemos es, lo que siempre dice Santana, ver la africanidad de la música latinoamericana".
    No es la primera vez que Flavio intenta suerte sin la aureola de Los Fabulosos Cadillacs. Junto a Ricardio Iorio formó un dúo que grabó un disco en el 97. Luego, el año pasado debutó como solista con el álbum Solo, viejo y peludo.
    "Esto de la Mandinga lo quiero hacer bien, quiero ser muy responsable con lo que quiero hacer. Uno no puede medir si algo va a salir genial, irregular o mediocre, uno no puede regular la magnificencia o la mediocridad del resultado, pero yo sí puedo regular el trabajo. ¿Cómo lo puedo medir? Ensayando. Ensayando siete horas por día. Lo van a ver en vivo y quizás puedan decir: ¡no me gusta la música!, pero, puta, ¡estos tíos tocan bien!, ¡son buenos músicos!".
    Por lo pronto, La Mandinga habrá realizado para estas fechas la denominada AntroGira por Monterrey, a clausarse el 28 de agosto en el bar Gárgolas. Seguramente habrá presentaciones en Ciudad de México y Guadalajara La idea es grabar un disco, pero Flavio no ha definido todavía si apostará por un sello independiente o una compañia grande.
    "En estos momentos La Mandinga se mueve muy artesanalmente, muy independiente, hecho en casa. Estamos pensando en movernos con independencia, pero no como hablan muchos paisanos míos, de filosofía de vida, un estandarte, que es una postura muy respetable, sino como una posibilidad de tener bajo control el grupo. No sabemos si nos van a dar pelota las compañias".



BUSCAR BUENOS AIRES EN MONTERREY
-¿El receso de Los Fabulosos se originó porque tú decidiste venir acá, o fue una decisión de la banda?
-Tiene que ver con muchas cosas. Tiene que ver con que yo me vine para ac, obviamente no va a ver una interacción directa (con el resto de los Cadillac); pero también tiene que ver con ciclos cumplidos, con ganas o no de iniciar otros ciclos, tiene que ver con muchas cosas.
-Pero la banda sigue...
-Sigue, pero está en in passe, en stand by. Es simplemenete un descanso. También Vicentico está grabando, porque también eran las ganas de eso. Lo que sí digo es que ya no sé cuál es el proyecto paralelo: ¿La Mandinga o Los Fabulosos? Los Cadillacs son un proyecto enorme, que camina con pastas de elefante blanco, y la Mandinga es algo verdecito, nuevo, pero en mí es algo muy poderoso... Soy yo.
-¿Qué tanto la decisión de fijar tu residencia en Monterrey está basada en una decisión personal, familiar, y qué tanto tuvo que ver en esta decisión una cuestión musical, de trabajo?
-Como primera medida, soy padre de familia y, bueno, hace rato que nos encantaba la idea de venir a Monterrey, y después, cuando estuve grabando a la Verbena (en el 2001), estuve un mes y medio aquí, y algo me dijo que tenía que estar acá. Me muevo así mucho, claro, no en un marco de la inconciencia, pero algo nos dijo que debíamos de estar aquí. Lo pensamos sensatamente, como familia, queremos que crezcan nuestros hijos, es la tierra de su madre y mis hijos merecen conocerla. Y en lo laboral me jugue acá y, bueno, empezaré a hacer lo que sepa y lo que pueda. Desde tocar hasta.... puedo llegar a hacer cualquier cosa... Producir, que me encanta.
-¿Y en Monterrey existen esas condiciones para trabajar? 
-En el buen sentido de la palabra. Tal vez me equivoque con lo que voy a decir, pero la visión personal, es que Monterrey ofrece una hoja en blanco. En otras ciudades está todo como sobresaturado, aquí no, y eso me gusta, es lindo; en determinadas cosas veo terrenos vírgenes, que me excita, y en otras no, está super movido. Pero lo digo con cautela y no quiero herir a nadie. Es un lugar que abre posibilidades, pero es una fugaz visión de lo que he visto.
    La primera imagen que proyecta Flavio es de un tipo inteligente, dueño de un vocabulario rico, que sabe muy bien el peso de sus palabras y sus posibles repercusiones en la escena del rock latinoamericano. Es cauteloso, reservado y le importa sobremanera no herir susceptibilidades.
    Una de las declaraciones más comprometedoras que se atreve a formular durante la entrevista es la referente a dos bandas locales.
"No me gusta hablar de bandas en las notas, porque no quiero hablar bien, pero tampoco mal, pero sí me parece que las bandas más interesantes de México, a mi humilde entender, desde mi subjetividad total, son de Monterrey. Y voy a hacer un excepción aquí, y son Kinky y El Gran Silencio, que me parece que son las grandes propuestas de México en estos momentos; pero es a mi entender, no quiero ofender a nadie".
    Al preguntarle sobre las diferencias entre el rock argentino y el mexicano, Flavio se excusa y muestra una actitud diplomática.
"No da lugar, yo no entraría en comparaciones".

UNA SITUACIÓN MUY CABRONA
    Flavio no es carnívoro. O por lo menos está en la etapa en que prefiere pescado y pollo sobre la carne roja. Jenny -una chica que anda por los 30, que funge como la manager, hace el marketing y maneja la prensa- ha preparada un rico pescado marinado, una suculenta sopa de arroz con camarones y una ensalada de lechuga y tomate.
¿Cómo vives este destierro? -se le pregunta a Flavio.
-No lo vivo como un destierro. Lo veo como que hoy estoy acá y mañana puedo estar allá. Tengo mi casa allá, pero también me siento muy cerca de acá, porque uno se siente solo cuando está lejos, pero me siento muy cerca de Monterrey, tengo muchos amigos, la gente es alucinante, me encantan. Ya te digo: si estoy con mi esposa y mis hijos, puedo estar en cualquier lado.
-¿Extrañas Argentina?
-Extrañar un poco todo y a la vez demasiado, no para que se haga visceral. Extraño a mis viejos, a mi papá, a mi mamá, pero insisto: me ayuda estar cerca de mi esposa y mis hijos. Estar lejos de ellos, no soporto nada, no aguanto nada. Incluso en las giras con Los Fabulosos estuve a punto de dejar todo, porque no puedo estar lejos de ellos.
-Una pregunta imperativa con los argentinos en estos momentos es sobre la situación que vive su país. ¿Tienes un juicio formado sobre lo que pasa allá?
-Es una situación muy cabrona, que supongo que todos somos culpables, primero los políticos, que se afanaron todo, y nosotros de alguna medida por haberlos dejado. Pero nome puedo quejar desde acá, con una cerveza en la mano. Per sí es muy cabrona la situación, nunca había visto algo igual: gente comiendo basura en las calles, la basura de los restaurantes, mucha violencia, desembocada por todo esto.
    Flavio, al igual que muchos músicos argentinos surgidos en los 80, se hizo músico escuchando a Spinetta ("¡Es lo más grande del mundo!", "¡un tipo hincha pelotas con la estética!"); comenzó a componer canciones mientras leía a Eduardo Galeano y Sábato ("ellos sí son genios").
    En estos momentos de su vida está seducido por el folclore mexicano, principalmente por el son jarocho. Y sigue escuchando jazz y candombes, ritmos que siempre han estado presentes en sus interpretaciones.
    "Siendo un músico rockero, tengo que decir que a veces encuentro expresiones más genuinas con un tipo tocando tangos o veracruzano en una esquina", dice.
    La entrevista llega a su término. Al día siguiente se realizará la sesión de fotos en la sala de ensayos con la banda y uno más tarde hay tocada con La Mandigan en el Nirvana, un bar sampetrino.
    La familia Cianciarulo (Flavio, "mi negra, mi güero y mi negrito") se despide en la puerta. Chau.



Entrevista de Víctor Valtierra

Lengua (Monterrey, México)

Agosto/Septiembre 2002

Trascripción: "Karlitos" Ceja Limón