Prehistoria Cadillac

ARQUITECTOS Y ALGO MAS

 

 

 

Corría 1982 y en Buenos Aires se vivían tiempos de mucho miedo e incertidumbre y los argentinos llevaban en su interior una gran angustia. Por cuestiones ideológicas o por el placer de matar los gestores del Golpe de Estado se habían llevado a cientos de jóvenes. Mientras muchos tuvieron la “suerte” de exiliarse, otros tantos fueron sacrificados por militares criminales que aun hoy siguen sueltos. A todo esto se le agrega en abril la Guerra de Malvinas: el gobierno de Facto jugó su continuidad enviando a cientos de jóvenes inexpertos a la Guerra contra los ingleses, directo a la muerte...

 

Este triste contexto fue el escenario de fondo con que Mario Siperman cursaba la secundaria en el Nacional Buenos Aires, mientras Flavio Cianciarullo y Anibal Rigozzi hacían lo propio en el ILSE (Instituto Libre de Segunda Enseñanza), escuela privada de Barrio Norte. Los futuros Cadillacs se conocieron por ex-compañeros en comun que se pasaban del Nacional al ILSE (para terminar más rápido sus estudios), en una época en la que opinar era pecado. “Nos tocó el peor período, plena dictadura –recordaba Mario-. Terminé en el 82. Era como la colimba, a la oficina de preceptores le decían prefectura”.

 

Flavio y su infancia en Mar del Plata

 

 

Sin embargo, intentaban zafar de la tristeza a través de la música. Con respecto a sus gustos primarios, Flavio confesaba: “Yo me acuerdo que en el colegio mentía: llevaba discos de Kiss, pero en realidad me gustaban cosas como Kool & The Gang.”   

 

Los tres compañeros de secundaria comenzaron a vivir juntos la noche porteña, recorriendo los numerosos pubs céntricos surgidos con el inicio de los ‘80. A sus salidas nocturnas se sumaba Ariadna Fernández Capello, hermana menor de Vicentico y novia de Flavio por aquellos días. La onda entre los “cuñados” no era la mejor:

 

“Y...mucho no se bancaban –recuerda Ariadna-, pero eran celos normales. En ese momento no eran amigos Después que dejamos de salir ellos siguieron juntándose en casa a escuchar música”.

 

Finalmente se hicieron compañeros inseparables, y no tardó en integrarse con Aníbal y Mario. Al poco tiempo estos tres “fabulosos” coincidirían en elegir arquitectura como estudios universitarios, sin siquiera imaginar que el día de mañana guardarían el título en un cajón para llevar adelante un proyecto común, que poco tiene que ver con los croquis. Gaby no tardaría en seguir el camino de sus amigos, en una época muy politizada:

 

“Cuando terminé el colegio empecé el Magisterio, a militar en el M.A.S., era punk, todo mezclado. –rememora Gaby- Participaba del boludeo propio de la edad. Pero dejé rápido: a mí la política me encerró como persona. Después empecé Arquitectura... eran los años after, todos vestidos de negro, íbamos a la discoteca re duros y a la mañana a la facultad... cualquiera”.

 

El joven Gabriel en una cena con compañeros del Mariano Acosta de Once (1982)

Gracias, Juan Martín, por facilitarla! (www.puertomimi.com)

 

Los conocimientos musicales de estos muchachos era dispar: mientras Flavio apenas si sabía tocar unos acordes con su primer bajo (un Eco rojo), Siperman era un músico experimentado que llevaba varios años estudiando teclado y por esos días participaba del innovador grupo Los Encargados (liderado por Daniel Melero). Con esta banda tuvo que sufrir por primera vez el prejuicio de la gente ante propuestas nuevas. Nadie podía entender a este grupo: tecno a principio de los 80? Era demasiado para el tufillo conservador argentino:

 

“Mis padres me vinieron a ver al B. A. Rock 82 (N. De R.: importante festival en el que tocaron reconocidas bandas nacionales). Salimos antes que Riff. Nos echaron a monedazos y tomatazos. Fue la última vez que me vieron”

 

Esto ocurría principios de los ’80. Sin embargo, el primer coqueteo de Mario con la música se dio allá por 1970:

 

“Yo estudié piano de chico, empecé a los cuatro o cinco años, creo que con la profesora Rosita que me obligaba a tocar La Cumparsita y esas cosas. Después seguí con Haydée y me hechó porque no hacía los deberes y no estudiaba. En quinto grado tuve un grupo: ‘El Duo Imagen’, una onda siniestra tipo Sui Generis (N. de R.: junto a Gustavo Liamgot, quien participó en la banda de Lito Nebbia, entre otras, y hoy en día es músico “fabuloso”). Tocábamos en vivo sentados en un banquito. Yo tocaba la flauta dulce, y el otro la guitarra y cantaba, también había un músico invitado en pandereta”, decía Mario tiempo después recordando sus inicios, mientras sus compañeros de grupo se revolcaban de risa.

 

En una entrevista reciente Flavio señala a Mario como el responsable de haberlo llevado a hacer música. De paso, recordaba aquellos tiempos de secundaria:

 

“El ya era músico en Los Encargados, se subía a los escenarios, tocaba en el Einstein. Yo era todavía un pibe de colegio que tocaba en el cuarto. Un día me llamó a casa y me preguntó si quería ir al estudio. Ese día me pegó fuerte, flashee. Mario me acercó a un idioma ajeno, por el conocí la mística de ser un músico de rock. Algo que hoy me es absolutamente familiar, pero a través de él pensé ‘Yo quiero hacer esto de mi vida’. Fue Mario...”.

 

La aparición del primer germen anterior a la formación del grupo se encuentra ubicado a principios de 1984, cuando a tres de estos cuatro estudiantes de arquitectura se les ocurre, entre láminas de dibujo y libros, formar una banda. La primerísima formación se trataba, entonces, de un trío conformado por Anibal Rigozzi (Vainilla - Vaino) en voz, Mario Siperman (Spiker) en teclado y Flavio Cianciarullo (Sr. Flavio) en bajo. Pocos días más tarde el otro “compañerito de facu” Gabriel Fernández Capello (Vicentico - Gaby), se suma a esta banda de arquitectos, haciéndose cargo de la guitarra desde el primer ensayo.

 

“Eramos una pandilla de amigos que escuchaban ska: Bad Manners, Selecters y Specials. Por la noche asistíamos a las discotecas  rapaditos, ebrios, cómodamente aburridos. Ibamos a la facu, jugábamos, comenzábamos a ensayar...”, recordaba un músico sobre los días más cercanos al debut en público.

 

El niño Gaby en una mezcla de melancolía y alegría que marcó su vida.

 

Hay una anécdota muy conocida que contaba Vicentico: “Incluso antes del primer show, siempre nos creíamos músicos, aunque sea malos. Me acuerdo que antes de existir como banda fuimos a ‘Fire’ y en la entrada decíamos que éramos de Los Cadillacs. Y nos dejaban pasar!”. Tiempo más tarde se encontrarían en el escenario de esa disco porteña, pero demostrando que realmente sabían hacer algo más que bailar.

 

Los comienzos del grupo se asocian una vez más a Fire, ya que el encargado de musicalizar esa pista de baile -DJ Popi Manzanedo-, había quedado copado con la imagen de estos jóvenes, y tiempo más tarde se ubicaría en el papel de manager.

 

1984 también fue el año en que Flavio se hacen amigo de otro marplatense: el pequeño Luciano Giugno (Luciano Jr.) y lo invita a formar parte de este proyecto musical para matar el tiempo libre. En una entrevista de la época es descrito como “un swetty tímido que curte gorrita pelo de camello”. El nuevo integrante tenía muchas pilas para gastar en algo interesante, el estudio realmente no le sentaba bien: estaba cumpliendo el sueño de tener una banda. Con 16 años comenzó a tocar la batería (muy mal, por cierto). No tardó mucho tiempo en abandonar la secundaria y dejar su ciudad natal para estar junto a sus nuevos amigotes en Capital Federal.

 

Aunque también fueron esporádicamente conocidos con otros nombres (Spray, los Dibujitos Animados, los Maracaibos), el que mejor sentó y finalmente perduró en sus inicios fue el de Cadillacs ‘57. Por aquellos días se dedicaban a tocar rockabilly, el estilo musical que popularizó Elvis Presleys en la década del ’60.

 

Con escasos ensayos sobre sus espaldas se largaron a tocar por primera vez con esta formación. El gran debut fue en la fiesta de casamiento de un primo de Luciano Jr.: el mismísimo Marcelo Tinelli, que contraía matrimonio con Soledad Aquino (su primer mujer). En aquella oportunidad solo hicieron covers: ‘Put your head on my shoulder’, ‘Blue moon’ y ‘Mi jopo’ estaban en la lista. Un par de años más tarde el futuro rapper relataba la experiencia vivida:

 

“Yo al principio entré para tocar la batería, pero me echaron por malo. Una vez fue espantoso, tocamos en una fiesta (yo en batería, por supuesto) y la gente tocaba la flauta en el medio, lo empujaban al cantante y se ponían ellos al micrófono”

 

Aquella primera presentación se trataba de un show privado, pero para la oportunidad no ocultaban sueños y anhelos (propios de un inminente proyecto) de seguir tocando juntos por mucho tiempo. Sin embargo, también conocían la posibilidad de que eso empezara y terminara ahí mismo, en ese salón de fiestas. Mario contaría 15 años más tarde algunos detalles del casamiento del muy popular animador televisivo:

 

“En el debut teníamos tres o cuatro temas y fue un desastre lo que tocamos. La onda era que tocábamos ahí porque estaba Badía, entonces íbamos a tener la suerte, el empujón de que le gustara y capaz que podía darnos una mano. Pero a él no le gustó nada! Escuchaba los Beatles, cosas buenas, y nosotros tocamos cualquier porquería.”

 

 

VITO RIVELLI

Febrero 2002