Vía Fellini, el día 0

DEBUT EN LA FELIZ

 

 

El bochornoso debut en el casamiento de Tinelli ya era cosa del pasado. Luciano pasa a ocuparse de la percusión y con una formación de seis, bajo el nombre de Cadillacs ’57, se fueron a Mar del Plata.

 

En un ensayo Gabriel agarró jugando el micrófono y se puso a cantar un tema de Paul Anka. Al resto de los integrantes les gustó tanto que pasó a ser el cantante de la banda de aquí en más. Mientras tanto, Vaino ocupó su lugar en la guitarra. Y un tal Carlos Kleppe quedó a cargo de la batería. La capacidad de Gaby como cantante se vería limitada:

 

“En esa época creo que involucioné como músico. Yo era un pibe con mucha capacidad para la música. Cantaba naturalmente. Pero cuando empecé con la banda me encerré y me asusté. Me puse muy sectario y muy agresivo. Yo por mi parte, pero el grupo también.”

 

...y en la Ciudad Feliz, cuna de Flavio y Luciano, un 19 de enero de 1985, el dueño de un local nocturno (un “pirado”, según el bajista) los dejó tocar:

 

“El lugar se llamaba Vía Fellini. El dueño era un enfermo, que se copó y que nos sacó fotos en un Cadillac... Bueno, tocamos. No había escenario. –relata Gaby- Estábamos al mismo nivel del público y terminamos cagándonos a patadas con la gente”.

 

            “Cualquiera que hubiera estado en Vía Fellini en 1985, no se hubiera imaginado nada de lo que vino después”, reconoce Mario. Aníbal aporta detalles de aquel momento: “El lugar era del tamaño de una oficina, con una barra, un escenario diminuto y unas treinta personas”

 

Una semana más tarde repetirían la ‘hazaña’ en otro boliche marplatense llamado Aloha. Para la oportunidad consiguieron un equipo conformado por una caja de cada lado, que para ellos era demasiado, comparado con el ‘cachibache’ usado en el recital anterior. Contemplando los aparatos de sonido, Mario se acercó a sus amigos y les dijo: “Che, aprovechemos esta oportunidad. Nunca más tendremos un equipo tan grande”, sin imaginar el camino que les esperaba, que los llevaría protagonizar mega-recitales donde potencia y público es lo que abunda...

  

Finalizadas las vacaciones, la banda se asienta en Capital Federal, con el desafío de probar suerte en escenarios locales. El debut porteño se concretaría en Blues (bar ubicado en Recoleta) un 14 de marzo de 1985. Para la oportunidad contaban entre sus filas a un nuevo integrante: Sergio Rotman en saxo ("un mod de los que no hay" según descripción de una revista de la época). El quía provenía del circuito punk porteño e introdujo numerosas influencias musicales ya que es poseedor de gran cantidad de discos, de los cuales Cadillacs se alimentaron.

 

Al llegar al lugar, no lo podía creer: el reducto se encontraba colmado de gente. El show que ofrecieron fue musicalmente desprolijo, pero triunfó la energía y emotividad que pusieron en escena. Fue una clásica noche de cerveza y ska, una fórmula que repetirían con éxito de aquí en más, durante sus diversas actuaciones.

 

El dueño del local nocturno quedó sorprendido por la concurrencia de público (unas 30 personas), y decidió concederle otra fecha al grupo. Esta vez el anuncio en la agenda del suplemento Sí! del diario Clarín fue distinta (N. De R.: el diario argentino más popular. Sí! es su suplemento joven, sigue el pulso de las nuevas tendencias desde hace ya unos 20 años). Por error, o vaya a saber uno por qué, los bautizaban como “Los Fabulosos Cadillacs”, y la verdad es que el calificativo nunca les sobró.

 

Durante los primeros shows en Capital se produce un nuevo cambio: sale Carlos Kleppe y entran Hernán Gallardo (batería). En los inicios predominaban los cambios y la incertidumbre, pero para batallar contaban con la casualidad y la suerte como grandes armas. El terreno parecía estar hecho a su moldura y las cosas ocurrían solas, sin cálculo de pro medio:

 

“Un día tocaban Los Twist en La Esquina del Sol que dentro del under era el lugar más importante. –cuenta Mario- Ese día a la tarde se pelearon. Quedó la fecha vacía y me llamó un tipo que ni conocía a mi casa, proponiendo que tocáramos esa noche. Había mucha gente, que iba a ver Los Twist. Se fueron dando muchas cosas así, de casualidad, sin saber el motivo.” 

 

..y así fueron los primeros días como banda, como sigue recordando el tecladista:

 

“Siempre tuvimos una mezcla se suerte y una especie de algo que desde el comienzo la gente se interesara en ver quién era los Cadillacs. No habíamos tocado nunca o tan solo en fiestas, pintábamos graffittis por las calles, y publicábamos un aviso que tocaban los Cadillacs y la gente iba. No sé si atraía el nombre, si se corría de boca en boca, pero en seguida empezó a hacer una bola de nieve.”

 

Un Sr Flavio adulto mira este momento como algo distante y definitivamente enterrado: “Escuchábamos todo el día a The Specials y a Madness. Estábamos enfermos de ska. Y criticábamos a todo lo que no fuera ska. La inseguridad adolescente, no? Compramos todo el modelito importado de Inglaterra. Y, como correspondía odiábamos a los hippies y a los rockers”.

 

Al hablar de las fuertes influencias no se puede obviar la forma particular en que se vestían los Fabulosos: saco de tres botones, tiradores y sombreros, a imagen y semejanza de las bandas inglesas mencionadas por Flavio. Y Sergio Rotman tuvo mucho que ver en insertar estas influencias, ya que trabajaba en una disquería que recibía mucho material importado (al alcance de sus manos, claro):

 

"Trabajé en Tower Records de Belgrano a principios de los 80. En una época empezamos a vender videos y yo pedí todos los de Madness y Specials. Con los Cadillacs nos juntábamos a verlos en mi casa, gratis".

 

Con esta formación de siete en 1985 brindan muchas actuaciones en pubs y diversos reductos “atestados de modernos peliparados, carmelitas vestidas de negro y punkies de lo más cabros”, como decía una publicación musical de los ‘80

 

Los Fabulosos Cadillacs ya estaban en escena. Pero el hecho de pertenecer al circuito under requiere un gran esfuerzo, ya que la banda recién estaba conociendo los gajes del oficio. Para sus shows iniciales no contaban con estructura, no solo debían subir y tocar, sino también cumplir con el resto de las funciones: cargaban pesados equipos, pegaban carteles, arreglaban alguna que otra entrevista. Para colmo, eran grandes bebedores de bebidas alcoholicas. “Después de cada concierto volvía borracho, durmiendo en el ‘15’. Ahora puedo tomarme un taxi”, recordaba Gaby tiempo más tarde.

 

Toda la situación planteada los llevaba a un estado de stress, de desgaste físico y psíquico, pero le pusieron el hombro a esa obligada situación por la que pasa la mayoría de las bandas nuevas. Durante ese año recorrieron el circuito under de rigor conformado por un montón de nuevos lugares, pequeños en su mayoría, que surgieron con el fin de la dictadura. Los más recordados, donde nuestros Fabulosos dejaron sus huellas -tocando o como simples habitués- son el ya mencionado Fire, Freedom, La esquina del sol, Stud Free Pub, Zero, Ponciano y Prix D’ami (pub de Belgrano donde volverían a tocar reiteradamente en la era “El león”).

 

2 de Agosto de 1985 - Cadillacs en "La alcantarilla"

 

La nueva vida en democracia se vio reflejado directamente sobre las tablas de esos escenarios. La demostración: la repentina aparición de innumerables propuestas musicales. Había un elemento común en estas jóvenes bandas: buscaban en su mayoría diversión, baile. Los principales exponentes en este género fueron Soda Stereo, Virus, Viudas e Hijas de Roque Enroll, Los Twist y Los abuelos de la nada. Argentina venía de una etapa muy depresiva y las nuevas bandas ayudaban a cambiar la cara de tristeza a la gente.

 

A su vez, esta época se caracterizó por el rápido recambio generacional. Ya en 1985 había otro conjunto de nuevas bandas con distintas propuestas, pero dentro de la misma línea. Esta segunda ola, encabezada entre otros por los Cadillacs, fue las responsables de abrir el circuito under a cientos de nuevas propuestas:

 

“En esta cuestión de la apertura –contaba Sergio- algunas bandas tuvieron mucho que ver. Casanovas, Sobrecarga y nosotros mismos, por poner un ejemplo, nos pasamos todo el año tocando en lugares bajo condiciones realmente malas, y eso fue fundamental. Aunque todo era desastroso, siempre estábamos tocando, no dejamos de batallar ni un minuto. Armábamos nosotros, cargábamos los equipos, hacíamos cualquier cosa.”

 

Recordando sus primeros pasos como Cadillacs, Flavio se refería 13 años más tarde al contacto que tuvieron con La Sobrecarga, banda de Trenque Lauquen con la que compartieron escenario y buenos momentos:

 

“Me acuerdo mucho de ellos, a mí me encantaban. Y casi puedo decir que eran nuestros padrinos del under. Ellos tenían un equipito de sonido que nosotros les alquilábamos, nos hicieron todos los sonidos de los primeros shows en reductos porteños”.

 

Pero había otro punto común fundamental entre esta segunda oleada de bandas y entre otras de iguales características las que estaban por venir (lease: Los Pericos y Los auténticos Decadentes): su amor por Sumo.

 

En los recitales del grupo liderado por el italiano Luca Prodan coincidían los integrantes de Los Fabulosos Cadillacs aun sin conocerse. La banda tenía el don particular de simpatizarle a todos, lo que permitió que en sus recitales haya gente y señales de diferentes palos: metaleros, crestas punks, gorras jamaiquinas, rude boys, darks vestidos de estricto negro...

 

El deslumbramiento que le provocó Luca Prodan se reflejaba en los modales y el comportamiento escénico del cantante Cadillac: “Se me había metido Luca en el cuerpo, y era hermoso”, comenta. Y también confiesa:

 

“Yo fui fanático de Sumo. Fui un estudiante de Luca Prodan. Aprendí mucho, y creo que a todos los Cadillacs nos marcó Sumo.”

 

En estos primeros e inolvidables recitales, donde abundaba el alcohol (sobre todo el fernet y la cerveza) los Cadillacs preparaban una lista de temas donde predominaban los covers de bandas de afuera. Uno de ellos: ‘You’re wondering now’, reversionado e incluido en el álbum "En vivo, en Buenos Aires" (se puede escuchar un fragmento de aquella época en Ponciano). A la vez, comenzaban a asomar tímidamente las primeras canciones firmada por ellos: ‘Noches árabes’, ‘Tus tontas trampas’ y ‘El bañero’, tema inédito al día de la fecha.

 

Los Cadillacs comenzaban a recibir su primer dinero y el adolescente Vicentico (“un mono ridículo más preocupado en bailar que en cantar bien” según sus recientes declaraciones) ya hacía ‘inversiones magistrales’:  “No lo podía creer. Siempre quise tener una licuadora. Cuando llegué a mi casa, mi vieja me preguntó, como si yo fuera chorro: ‘De dónde sacaste eso?’. Realmente, era increíble”.

 

Dos imágenes del cantante Cadillac en los primeros shows en vivo

 

En septiembre de este año los Cadillacs entran por primera vez a un estudio de grabación. El lugar se llamaba El Jardín, y allí dejaron registrado un demo. El objetivo era el de toda banda nueva: poder ver productores con ese material bajo el brazo para editar un disco, o simplemente presentarles esta grabación a dueños de boliches para conseguir fechas. Este registro rudimentario incluía ‘Silencio hospital’ (versión editada en el compilado Vasos Vacíos), ‘Belcha’ (una versión más lenta que la conocida), ‘Vos sin sentimiento’ (con solo de teclado muy bizarro) y ‘Noches árabes’ (tema de "Día D"), entre otros. En medio de la grabación, Rotman se peleó con sus compañeros y se fue a tocar con Los Pillos. Su vuelta -unas semanas más tarde- fue fundamental, ya que se convertiría en uno de los miembros más activos.

 

Sobre fines del '85, el baterista Gallardo deja la banda. En su reemplazo entró un recomendado por Sergio: Fernando Ricciardi (Nando), quien ocuparía para siempre le lugar de baterista. Ambos se conocían porque eran amigos de la adolescencia, frecuentaban lugares comunes (relacionados al punk) y habían participado juntos de proyectos musicales. Entre ellos: Día D (algo así como Cienfuegos). Fernando confesó haber aprendido a tocar su instrumento de una manera poco convencional: sin palillos, “aporreando ollas y almohadones”, ensayando también con u ncajón de whisky cuando tenía solo 6 años. Su historial como instrumentista prosigue a los 11, cuando convence a su padre de que comprara la primer batería. Al poco tiempo forma "Los marginados", junto a Hernán Bazzano y Martín Aloé (músicos de Cienfuegos), que tiempo más tarde deviene en Dia D.

 

Rotman tuvo que insistir bastante para que le den una oportunidad en Fabulosos Cadillacs, ya que lo veían medio raro a juzgar por las bandas donde tocaba. Por suerte, se salió con la suya y hoy contamos con este extraordinario baterista entre las filas de LFC.

 

 

 

 

 

VITO RIVELLI

Febrero 2002