Arena y ska

NUEVE GORDOS POR LA COSTA

Verano 1987: Cadillacs al ataque

La alicaída temporada veraniega del ’87 encontró a Los Fabulosos Cadillacs actuando como pocos y con un buen número de ventas de “Bares y fondas”. Durante los primeros meses de ese año brindaron dos o tres shows por fin de semana. Su audiencia más fuerte se encontraba dividida entre el Gran Buenos Aires, Mar del Plata y Santa Teresita. Con respecto al hecho de tocar tanto durante ese verano decían:

 

“Tocar en la costa y en vacaciones es distinto, hay otro clima: la gente está más suelta y los músicos estamos más relajados. Somos los mejores, sin vueltas, y estamos haciendo las cosas bien. El público se prende porque ven que tocamos con ganas, que no venimos haciendo nuestra gira número mil, tomándola como una obligación, sino que la hacemos con ganas.”

 

La primer gira por la costa fue seguida por Eduardo De la Puente, quién redactaba artículos para la desaparecida revista “Rock & Pop”. El periodista en cuestión no se limitó a ver y comentar los shows sino a viajar junto a ellos. Hay una relación muy cercana, incluso Gaby fue compañero suyo en la primaria. Y durante la gira, mientras algunos Cadillacs tomaban sol en la playa, Eduardo jugaba en Sacoa con Ricciardi a “1942”. Desubrieron que la única forma de ganar es desenchufar la máquina, pero no pudieron encontrar el cable para hacerlo. 

 

De la P. (como firmaba en aquella época) cuenta que alrededor de los shows los organizadores se volvían locos por controlar a los músicos, que generalmente terminaban agolpados en la barra, mezclados entre la gente, “tomándose hasta el agua de los floreros” o jugando a los videojuegos o al pool (el periodista afirma que Siperman “es una fiera” en este asunto).

 

En la entrevista que tituló “Los Fabulosos Cadillacs en gira” afirma que están totalmente locos. Razones no le faltan: Vainilla sufre ataques de risa siniestra y se arroja encima del primero que pasa, tumbándolo o mordiéndole las orejas; Luciano Jr. Juega con sus marionetas (gusanitos, ratitas); Vicentico dice “tengo sueño” y se queda dormido entre dos flippers ensordecedores; Naco y Flavio se envuelven en papel higiénico (con un moño en la cabeza) y paseando por el hotel dicen ser momias de regalo. Esto último era parte de un juego que tenían en las giras, que era inventar personajes y hacer representaciones frente a una videocámara.  

 

Bronceados músicos al calor de Santa Teresita (Febrero 1987)

 

Estamos acostumbrados a ver a los Cadillacs rodeados de un gran aparato de producción cada vez que se encuentran de gira. Pero nadie recuerda que viajaban todos juntos en un viejo colectivo, cargando sus equipos en el techo del mismo y peleando por agarrar un buen lugar. El staff estaba conformado por 18 personas: Fernando Ricciardi (batería), Sr. Flavio (bajo), Vainilla (guitarras), Vicentico (voz), Luciano Jr. (percusión), Naco (saxo), Sergio (saxo), Dany (trompeta), Mario (teclados), Alejandro Taranto (manager), Gustavo Laramie (asistente de producción), Titi (chofer), El Kaiser, Farkoff y Luis (asistentes), Alfajor (sonido), Pato (luces) y Carlos Rodríguez Ares (productor).

 

Ni hablar de ganar dinero, todo lo hacían para darse a conocer. Y en el terreno de la promoción, los resultados fueron auspiciosos: trabajaron a lleno total en cada ciudad donde tocaron. Y lo más importante: más de la mitad del público los veía por primera vez. Al llegar a San Bernardo el vehículo con el viejo logo del sombrerito sobre la “c”, un montón de fans se agolpan congestionando el tránsito. No lo podían creer.

 

Comenzaban a ganar mayor rotación en las radios y a aparecer frecuentemente en TV. Paolo el Rockero, el personaje que estaba en boga por aquellos días entre los jóvenes (merced a sus imitadas/gastadas en Feliz Domingo), incluía una opinión sobre el grupo en uno de sus números, diciendo que cuando cantan “parecen gallinas que las están matando”.

 

Mejor suerte corrieron en No toca botón, el programa humorístico del inolvidable Alberto Olmedo. Uno de sus atuendos (compuesto por saco y corbata) lo trasformaban en el señor Alvarez: un personaje serio que ensayaba, a modo de poema, versos de grupos contemporáneos. Luego le explicaba a un sorprendido Javier Portales a quién pertenecían dichos versos. Los Cadillacs deben haber sentido orgullo al ver al Negro en un sketch recitando ‘Silencio hospital’. Una medalla para llevar colgada de manos del Número Uno del Humor Popular Argentino.

 

Mientras tanto, la prensa, escéptica ante el fenómeno taquillero que comenzaban a tener, alegaban que lo de ellos se trataba sólo de un furor veraniego. Comparaban esa situación con la de Los Twist, banda que tenía entre sus filas al músico Daniel Melingo (productor del disco debut de los Fabulosos). Resulta que ellos estuvieron muy de moda en el verano ’84, pero luego todo pareció disolverse. Respecto a esta comparación, al pronóstico brindado por los periodistas (que finalmente nunca ocurrió) la banda se defendía así:

 

“Ellos fueron un grupo de moda y pasaron rápido. Lo nuestro, en cambio, es más gradual y tranquilo. No nos interesa llenar cuatro teatros de un día para el otro, sino llevar una carrera más pareja. De todos modos, que nos comparen con Los Twist de la primera época no está mal; entonces ellos eran buenísimos. Sería peor que nos comparen con cualquier otra porquería

Tres delirantes, momentos antes de subirse al escenario

Era raro todo lo que pasaba: los Cadillacs llenaban los lugares donde tocaban y estaban sonando mucho en FM. Del otro lado, productores, managers, aficionados al rock y periodistas se rascaban la cabeza buscando una respuesta a este fenómeno. Eran vistos despectivamente, sin tener el valor de reconocer el triunfo de la propuesta ese verano. Pero la situación no era nueva, y se seguiría repitiendo hasta la adultez de la banda.

 

El equipo de detractores los señalaban como imitadores del grupo inglés Mandess. Los Fabulosos sostenían:

 

“Lo que pasa es que lo único que debe conocer la gente es Madness y además existe esa necesidad de comparar; deben pensar: ‘estos flacos no pueden ser originales, a ver a quién le copiaron...?’

 

Recibían también ataques directos respecto a sus cualidades como instrumentistas, pero este tema realmente no era lo importante por aquellos días. Antes que una relación musical, la de ellos era una relación de amistad. Corría el mes de enero, y la banda afirmaba a la revista Cantarock:

 

Antes éramos de madera, ahora aprendimos un poco. Seguimos siendo de madera pero madera más fina... madera balsa. Lo que pasa es que el virtuosismo nos chupa un huevo; lo nuestro no pasa por ahí”

 

De la Puente bien resumía el estado de la banda, una etapa donde todo podía pasar en un mar de incertidumbre: “Porque no son Gardel; están sobre el filo, con un primer LP excelente que empezó a trepar; están sobre la cornisa justa que divide la consagración del olvido, en ese famoso paso-previo-al-segundo-disco en el cual muchas bandas que prometían encontraron la fórmula justa para suicidarse.”

 

 

 

 

VITO RIVELLI

Marzo 2002