Desembarco en el Astros

LA LLAMA NO SE EXTINGUE

Ocho fabulosos a fines de 1986, momentos antes de que Dany Lozano se sume al staff estable

Luego de la exitosa temporada veraniega, presentando su primer disco en la costa bonaerense con un abultado número de shows, la banda se asienta en Capital Federal con el fin de componer y ensayar nuevos temas, no sin dejar de tocar.

 

En sus shows por las discos del Gran Buenos Aires ya presentaban parte del nuevo material que grabarían tiempo más tarde. Además, el otoño porteño de 1987 vio a los Cadillacs presentándose para un público más numeroso, y esto traía aparejado, como merecida recompensa, tocar en mejores locales. Su poderío en vivo es uno de los aspectos que los Cadillacs mantuvieron intacto desde su primer show:

 

“Me acuerdo que los primeros dos o tres años no teníamos oficio, ni nada de lo que puede llamarse profesionalismo –rememora Gaby-. Era más bien todo un delirio, pero a la hora de subirnos a un escenario, ante nuestro público, nos lo tomamos siempre en serio”.

 

Algunas de sus presentaciones más importantes del regreso a la Gran Ciudad fue la que hicieron en el Teatro Fénix de Flores, y otra en el Teatro Santa María. ‘Cucho’ Parisi (voz principal de Los Auténticos Decadente) recuerda este último “el lugar estaba lleno de mujeres y yo me preguntaba: De dónde sacan estos tipos tantas minas?”.

 

Otro visitante ilustre de estos shows del otoño ’87 fue el ‘Bahiano’ Hortal, líder de Los Pericos, que los vio en Memory, un pequeño bar de la calle Melo, ubicado al fondo de un pasillo, detrás de otro local. De ese día, recuerdan que se les rompió el escenario.

 

El Perico también dice haber presenciado el estreno de “El genio del dub” en La Esquina del Sol: “me dieron la pauta de que se podía hacer otra cosa”, comentaba hace poco tiempo respecto a esta impactante canción, cuya letra fue creada a partir de improvisaciones recital tras recital.

 

...y esa era otra de las características de este momento: Los Cadillacs agregaban nuevas canciones y covers al repertorio de temas compuesto en su mayoría por piezas de ‘Bares y fondas’.

 

Foto para promocionar los shows en el Astros

 

Desde el verano, el grupo había conseguido una agencia sólida que los represente: Rodríguez Ares Producciones. Este hecho, consecuencia del crecimiento de la banda, implicó una mayor comodidad para todos.

 

“Ahora tenemos una estructura detrás nuestro (técnicos, asistentes, managers, prensa, etc.) lo cual nos otorga un margen más amplio para trabajar en nuestra tarea específica. Ya no cargamos pesados equipos, ni pegamos carteles”, celebraba Vicentico.

 

Los Cadillacs se comenzaban a posicionar: ya estaban alejados de esos pequeños locales del año anterior y, aun con muy poco tiempo de vida, recordaban con nostalgia los inicios:

 

“Extrañamos situaciones –decía Luciano-, cuando tenemos oportunidad vamos a ver algún grupo under. Es nuestra salida favorita, nos gusta Massacre Palestina, Diú, Comando suicida. Nos interesa la movida, la nueva sangre”.

 

Pero había una deuda pendiente tanto para ellos como para su público, un obstáculo que debían sortear para terminar de despegar de la escena underground... Hacía casi un año que “Bares y fondas” estaba a la venta y los Cadillacs aun no se habían hecho un espacio de tiempo para preparar la presentación oficial en Buenos Aires. Esta debía hacerse con todo, en un teatro grande (lugar más apropiado por sus instalaciones que ofrecen mejor acústica y una capacidad acorde a la circunstancia). Y así fue...

 

Bajo el slogan de ‘Callate y bailá!!’ los afiches anunciaban que con dos funciones, el viernes 5 y sábado 6 de Junio, los Fabulosos dejarían formalmente presentado su disco en la Capital Federal. La cita era en el Teatro Astros, en plena calle Corrientes. Y toda la situación implicaba un gran desafío: cómo respondería el difícil público porteño ante esta propuesta? Les darían la bienvenida o los ignorarían?

 

Gaby y Flavio, elegantes, en el escenario de Teatro Astral (5 de Junio de 1987)

 

La respuesta no se haría esperar, y fue altamente positiva. Al punto que la organización debió agregar a último momento una segunda función para el sábado. La boletería debió colgar un cartel que apuntaba ‘No hay más localidades’. El diario Clarín, en una mezcla de asombro y resignación, comentaba con dureza lo ocurrido el fin de semana en el Astros con nuestros nueve astros. El título decía simplemente “El éxito de los Cadillacs”. Estos son algunos extractos para que leas y creas uno de los tantos comentarios de la época que los defenestraban:

 

“Si alguien pasara por la puerta (del teatro Astros) probablemente pensaría que en lugar de un recital de rock lo que acaba de terminar es una fiesta redivertida de un club en que las chicas juegan hockey y los chicos juegan rugby. Los chicos y las chicas salen del teatro con el consumo encendido: mastican chicles, compran gaseosas, saborean alfajores, decía la nota, refiriéndose despectivamente al público.

 

Rotman y Naco hacen sonar los bronces, a pasitos del Obelisco (5 de Junio de 1987)

 

“Están protagonizando un fenómeno atípico: su éxito va en una relación casi inversamente proporcional con la calidad de su música. Y su éxito es mucho. Son una típica suma de muchachitos de familias bien que construyeron el sueño de hacer lo que se les canta en un grupo, y lo que se les canta tiene la diversión de lo barato, lo ríspido”, agregaba el periodista Carlos Polimeni para el suplemento Espectáculos de Clarín.

 

“Lo sorprendente en los triplicados recitales del Astros es que han programado musicalmente y avanzado hacia un redondeo visual, en que las desfachateces individuales terminan por crear una casi agradable sensación de conjunto.”, proseguía la crónica.

 

 

El periodista que redactó este comentario se desligaba de su función de informar en donde radica el fenómeno de taquilla de los Fabulosos: “Sería inútil esbozar una crítica estrictamente musical cuando de ellos se trata. Ante un recital de este noneto juvenil los críticos de arte deberían permanecer serenos en su casa.”

 

Para finalizar, agregaba: “Los Fabulosos dan para la sociología un campo de estudio tan apasionante como la actitud de aquellos muchachos peleándose por los afiches en el hall del teatro caluroso, una noche cualquiera de principios de mes”.

 

Una tercera, de aquella gran presentación de "Bares y fondas" (6 de Junio de 1987)

 

La polémica quedaba abierta, a muchos les costaba aceptar el éxito de este grupo. El tiempo (y las canciones) les tapó la boca. Gabriel Fernández Capello entendió desde aquella primer gran presentación la importancia de huir de la prensa. Una década más tarde hablaba de las causas de esta traumática relación:

 

“No hablo de mi vida privada ni en la intimidad, escondo cosas, entre otras razones porque no me hace mal guardármelas, me gusta. Pero a veces escucho cosas de mí que me hacen pensar en no esconder más. La primera vez que tocamos en un teatro grande salió una crítica que decía algo así como que éramos rugbiers que tomábamos Coca Cola y comíamos alfajores. En ese momento de mi vida yo era cocainómano, alcohólico, militaba en el MAS y tenía una hermana que acababa de morir de sobredosis.”.

 

Finalmente, otorgaba una máxima que mantiene hoy en día: “Desde ese momento supe que de la prensa había que esconderse”. 

 

 

 

VITO RIVELLI

Marzo 2002