El promocionado debut solista de Vicentico, la temporada de Flavio en México, los proyectos de los demás. De todo eso se nutre la actualidad de una de las bandas argentinas más importantes de la última década. En esta producción, cada uno de aquellos fabulosos cuenta en qué anda y deja abierto el interrogante sobre una posible reunión. Aunque para eso parece faltar mucho, mucho tiempo... 


Vicentico (Gaby) deja de correr y jugar porque le tira. Parece a punto de desgarrarse, pero insiste. Hace calor en la canchita de césped sintético de Villa Crespo en donde Vicentico (Gaby), Dani Buira, Ariel Minimal, algunos integrantes de La Chilinga y demás invitados (el enviado del No, entre ellos) apuran un extenso partido que concluye con marcador desconocido. Así el fútbol cerró una jornada de ensayo como tantas en el estudio-sala de ensayo de Javier Calamaro, en Chacarita. Esa tarde Vicentico (Gaby) y la base percusiva chilinga ensayaron voces y arreglos vocales de algunas nuevas canciones, pero también de “Desapariciones”, el tema de Rubén Blades que Los Fabulosos Cadillacs convirtieron en hit. No será la única canción LFC que versionarán, por otra parte (“Carnaval toda la vida” fue el bis de un primer show para prensa e invitados). La sesión concluye con una canción de los Bee Gees que, es de suponer, no integrará el repertorio del show con que el cantante y su banda defenderán el flamante Vicentico primero en Argentina, luego en Latinoamérica, España y Estados Unidos. En verdad, cuando llega la hora de los Bee Gees y el falsete medio insoportable de Barry Geeb en versión Fernández Capello, todos se quieren ir a jugar al fútbol. 
Un rato antes de empezar el trabajo diario, Vicentico (Gaby) y Daniel Buira contaron su más bien reciente historia de amor artístico. Dice Dani: “Me llamó Afo y me contó del proyecto. Ni lo dudé... La idea de trabajar la percusión y los tambores a un nivel alto, y con buenas canciones, me pareció buenísima. La verdad es que estamos entusiasmados todo el tiempo con esto: una cosa emotiva de compartir cosas y querer tocar”. Dice Gaby: “Cuando paramos con los Cadillacs tomé la decisión de grabar un disco con canciones propias. Empecé a componer y empecé a pensar cómo quería que sonara, por supuesto que ya lo conocía a Dani de los Piojos pero lo que más me gustó fue algo que La Chilinga hizo con Gabriela Torres. Me gustaba eso, trabajar sobre la percusión. Hay muchos temas del disco que no tienen batería, eso me parece que le da un aire diferente a la música. En general, cuando grabás las baterías, terminan ocupando mucho espacio , así que esta vez me pareció mejor que las canciones flotaran sobre esas bases de percusión”. La asociación que se da entre dos músicos cuyas carreras explotaron en décadas diferentes (Vicentico con Los Cadillacs en los ochenta, Daniel con Los Piojos en los noventa) plantea, sin embargo, un caso interesante de colaboración, casi predestinada. Fue Buira quien aportó ese color percusivo-murguero a una banda de rock que ya parece haberlo olvidado (chequear el actual sonido de Los Piojos para comprobarlo). Ahora es quien aporta la impronta sonora de su grupo, La Chilinga, a las canciones que Vicentico compuso para su debut solista (“Esto es claramente un crecimiento para todos. Nos dijeron ‘hagan lo que quieran con los tambores’, fue un poco así”, comenta Buira). Ese, más allá de una excesivamente lustrosa producción, es el rasgo distintivo de un disco que a veces puede parecerse a uno de Juanes o de Diego Torres. Pero con muchas más onda y mejores canciones. 
Ah, Los Fabulosos Cadillacs... Dice quien puso la cara al frente de ellos durante una década y media: “Esta es una pausa en donde no se sabe en qué momento volveremos a hacer algo. Por eso hice este disco ahora y no en otro momento, cuando hubo otras pausas. Yo en Los Cadillacs me ocupaba en un alto porcentaje de la música, y en lo que no tenía que ver con la música, me ocupaba del 80 o 90 por ciento de las cosas. No heredo nada de Los Cadillacs, elijo esto”.


–Pero de todos los proyectos que tienen los otros Cadillacs, éste es el más grande...
–Bueno, queda claro por qué el proyecto de los Cadillacs era grande también. Quiero decir: si el proyecto de Los Cadillacs lo hubiese llevadoadelante otro de los chicos, probablemente no hubiese sido así. Los Cadillacs son en gran medida lo que éramos (sic), y en gran medida también lo que yo hice. Había bastante de mí en todo aquello.
–¿Cómo fue tocar “Carnaval toda la vida” por primera vez sin los otros Cadillacs?
–Raro, raro para todos. Son canciones de Los Cadillacs... Pero también canciones mías, compuestas en la soledad de mi hogar. Estamos ensayando otros temas, porque dan ganas de tocarlo. Es instantáneo: Dani marca cuatro y... Sobre eso queda, algo muy grosso de verdad. Por ahora venimos probando con las canciones que adaptan al formato sonoro del disco, pero también es verdad que hace muy poco que venimos ensayando y hay otros formatos que ni se nos ocurrió probar. 
Interviene Daniel. Mira a Vicentico y le dice “a mí me gustaría tocar canciones del primer disco...”
–Sí, claro. También “Roble” u otras canciones. A mí me copa Dani como batero de rock, así que da para hacer de todo, incluso de Los Cadillacs.
–¿Cuándo te cansarás de que te pregunten por Los Cadillacs?
–La verdad, no me molesta. Mi nivel de tolerancia, en todo caso, es con hacer notas y hablar siempre las mismas boludeces. No tengo ni medio trauma con Los Cadillacs, si en algún momento nos da ganas de hacer algo, lo haremos. Y si no, no. No somos, por nuestra manera de ser... Nosotros no hicimos “gira despedida” ni esas cosas. No nos planteamos ninguna de esas cosas extrañas, siempre fue tener ganas o no tener ganas. 
–Entonces, ¿cómo están ahora?
–Como una pequeña comunidad de gente que todavía tiene armado algo. No vamos a grabar discos ni tocar, pero cada cual puede usar las cosas que tenemos. En ese sentido, es lindo saber que si alguien quiere grabar un disco puede ir a nuestra sala, agarrar protools y grabarlo. Por eso nunca lo desarmamos, hay una cuestión de amistad...
–¿Esto es distinto?
–Está todo bien. No debe ser fácil para ellos verme a mí tocando, tanto como para mí. Cuando toca un amigo tuyo, lo vas a ver aunque te produzca una sensación rara, te bancás la sensación. El otro día hablamos por teléfono y decíamos Qué raro, boludo... Es lo que es, después habrá que ver qué sucede. Mientras sea, por decirlo de alguna manera “honesto”, cualquier cosa que pase me la banco.

 


Ellos hablan
POR MARTIN PEREZ



Fernando Ricciardi


“Pase lo que pase, yo espero que sea algo natural”, dice Fernando Ricciardi, baterista de Los Fabulosos Cadillacs desde el primer disco. “Por ahora, si te digo la verdad, no me planteé demasiado lo que puede pasar. Lo mejor que podemos hacer es juntarnos para cagarnos de risa un rato, porque si no pasa eso, no puede pasar ninguna cosa más”, asegura. Ricciardi repartió su último tiempo entre LFC, Cienfuegos y Mimi Maura. "A mí el parate me vino muy bien, y además sirvió para oxigenar un poco la situación general del grupo. Pero todo forma parte de un mismo círculo de amigos con el que nunca me dejé de ver”, concluye. 

Ariel Minimal
Cadillac desde hace un lustro, Ariel sigue al frente de Pez, un grupo al que ninguna crisis parece capaz de detener, y con el que acaba de editar su sexto álbum, el vibrante y conmovedor El sol detrás del sol. Según confiesa su autor, una versión embrionaria de uno de estos temas –”Si hay amor que nos venga a salvar”– supo ser registrada junto a Vicentico y Flavio para los Cadillacs. Y tal vez esté entre aquellas grabaciones encontradas de las que aún no se sabe bien su destino. “A mí, sinceramente, me parecería mejor hacer algo nuevo antes que editar esos temas”, opina el guitarrista quemero, quien considera que muchas cosas quedan por hacer junto a los Cadillacs. “Aún no se ha terminado nada”, opina. “Hay que ver si nos ponemos de acuerdo en tiempo y forma para ver si seguimos, pero cuando paramos nunca se dijo que esto se terminaba acá. Me parece que ninguno de los Cadillacs es Sting como para decir: ‘Ya está, me corto solo’. Yo creo que en algún momento se terminará volviendo a la nave madre”, pronostica. 

Fernando Albareda
Plácidamente instalado en La Cumbre, Córdoba, Fernando “Trombo” Albareda se comunicó con el No a través de un correo electrónico para informar de su presente. “Hace un mes grabamos el segundo disco de La Cornetita, el cuarteto de free jazz que tengo con Pablo Puntoriero, Pablo Vázquez y Hernán Rodríguez. Ahora estoy con un grupo de teatro ensayando una obra que se va a presentar en el Festival Nacional, acá en Córdoba, en febrero. También estoy viendo de formar un grupo con un guitarrista que tocó con Fernando Ricciardi, Martín Aloé y Gigio que se llama Rubén Botta y con Carolina Aimó y Ray Locreille, unos amigos cantantes de La Cumbre. Todo esto mientras espero que se vuelvan a reunir los Cadillacs, algo que veo bastante remoto. También aprovecho que acá hay un campo de golf y juego bastante seguido, además de practicar con mi trompeta todos los días.”

Mario Siperman


Según recuerda, “la primera cosita con olor a Cadillacs la hicimos con Flavio y un pibe que se llama Carlos Clete, que tocaba la batería”. Aquella “cosita” fue una base de “Tontas trampas”, que se juntaron a tocar en la casa del baterista en cuestión. “Aquel fue el primer dejo Cadillac, y al toque apareció Aníbal Rigozzi. No sé si incluso no fue ese mismo día”, precisa el tecladista, que se considera un ex Cadillac desde lacrisis que precedió al Loco Miedo Loco que el grupo realizó en el Astral en agosto del año pasado. “Todo comenzó un par de meses antes de aquel show, cuando aparecieron planteos para realizar cambios internos dentro de la banda”, recuerda Siperman. “Y dentro de esos cambios no había lugar para mí. Yo creo que aquello fue lo que desencadenó la crisis actual del grupo, pero no puedo hablar mucho de eso porque una vez que me fui no supe más de las relaciones humanas dentro de la banda”, aclara el tecladista, que con su partida pasó a ser el cuarto Cadillac original en irse del grupo, ya que –pese a que ya no sube al escenario– “El Vaino” Aníbal Rigozzi nunca se fue: se convirtió en manager del grupo luego de dejarle su lugar a Ariel Minimal en la guitarra. Dedicado por completo a Loto Azul, su estudio de mastering, Siperman confirma que su partida fue sin juicio de por medio, y que tiene teclados que hace un año que ni los enciende. “La última vez que toqué con los Cadillacs fue en la gira por Colombia antes de Loco Miedo Loco. Desde entonces, no he vuelto a tocar. De vez en cuando me llama algún amigo, pero cuando llega el momento me da fiaca”, confiesa el ex Cadillac.

Toto Rotblat


“Yo entré en los Cadillacs un martes 13 de agosto de 1991”, recuerda con absoluta precisión Toto Rotblat, percusionista del grupo desde El león. “Si me acuerdo con tanta exactitud de la fecha es porque fue un martes 13, y porque era el cumpleaños del Vaino. Y porque para mí, que venía tocando en algunos grupos sin demasiada continuidad y poca trascendencia mediática, entrar en el grupo me cambió totalmente el panorama”, confiesa. “Me costó mucho esfuerzo seguir tocando con Mimi cuando estaba dentro de los Cadillacs”, recuerda Toto. “Pero ahora veo que ese esfuerzo valió la pena, y me siento dentro de un grupo que tiene por delante un camino largo, donde se pueden hacer muchas cosas. Por lo que sucedió, creo que la forma en la que terminamos fue bastante buena. Si me preguntás qué pienso que va a pasar, la verdad es que no lo sé. Lo que quisiera es que tal vez en el futuro pudiéramos juntarnos a hacer algo, pero sin dejar de lado lo que cada uno esté haciendo en ese momento. Es que pienso que con esta crisis se terminó un ciclo. Si volviéramos, sería como un proyecto nuevo.”

Daniel Lozano
“A veces es lógico que se den cosas como éstas”, opina Daniel Lozano, trompetista y protagonista de un ida y vuelta el año pasado que lo dejó afuera de aquel polémico show Loco Miedo Loco, el mismo que significó el alejamiento definitivo de Mario Siperman de la banda. Luego del episodio, Lozano volvió al redil como si no hubiese pasado nada. O no tanto. “Aquellos contratiempos internos fueron como una crisis de pareja. A nadie le gustan las crisis o los malos momentos, pero no sería normal si no sucedieran”, calcula el trompetista, más o menos habitual invitado en los shows de Mimi Maura. “Para pensar en el futuro de los Cadillacs habría que ver qué es lo que acontece con los planes de Gaby y de Flavio”, dice.



FLAVIO, DESDE MEXICO

Galopando

POR M.P.


”Aquí estoy, viviendo desde febrero de este año en el fondo de un mar que no es mar. Estoy en el estado de Nuevo León, a unos treinta kilómetros de su capital, Monterrey. Casi como cuando vivía en el Tigre. Salvo que aquí es Villa de García, un pueblo entre montañas, al estilo Tilcara. Y a unos quince minutos fuera del pueblo tengo ahí nomás, como dijo alguna vez mi amigo Adrián Dargelos, ‘toda la boludez’.” El que habla por teléfono desde Villa de García es Flavio Cianciarulo, bajista y compositor de Los Fabulosos Cadillacs en stand-by desde la gira por México concretada en marzo de este año. Y el “toda la boludez” es una forma cariñosa de referirse al desierto y sus plantitas, a ese México profundo que Flavio y su esposa –oriunda de Monterrey– soñaban con vivir desde hace años. “Hace un par de años, cuando vine a producir el disco de una banda llamada La Verbena Popular, me quedé un par de meses en Monterrey, y la ciudad me llamó. Algo nos hizo pensar que teníamos ganas de estar un poquito acá. Y desde entonces vengo craneando esta historia, que terminó de tomar forma en diciembre pasado, cuando me volvieron a convocar para otras producciones, y me vine en enero. Aquí atajé a los Cadillacs para la gira por México, que fue increíble y con una convocatoria atroz. Y aquí sigo”, cuenta Flavio. 


Con trabajo asegurado produciendo tanto el par de temas que La Verbena Popular debía incluir en la banda de sonido de un film llamado El tigre de Santa Julia como el segundo álbum del grupo El Panteón Rococó, una popular banda del DF que el bajista mudó a Monterrey para la grabación, Flavio armó también allí una banda propia, con la que regresó a la canción y salió a tocar en agosto. Flavio y la Mandinga es un grupo con percusión, guitarra, flauta traversa y batería, un cantante mexicano y él en guitarra y voz. “Aunque lo sigo considerando mi instrumento, dejé al bajo de lado y me colgué la guitarra. Creí que era oportuno salir a cantar mis canciones”, explica, y después avisa que no dejan de salirle nuevas canciones, que ya tiene para un disco. “Volví a la canción, pero sin que eso signifique bajar el nivel o resignar nada de lo que llevo andado”, advierte Flavio. Justo cuando La Mandinga acababa de desbandarse, recibió la noticia de la edición de su disco El Marplatense, que grabó con el Flavio Calaveralma Trío. Eso sucederá en diciembre, a través de BMG. “Es un disco que ya estaba grabado cuando salió Flavio solo, viejo y peludo, pero el hecho de que se edite allá me da unas ganas locas de volver”, explica, y enseguida aclara que la noticia es tan nueva que no tiene nada planeado. “Pero yo sé que apenas pise Buenos Aires el Trío se rearma enseguida”, calcula quien se considera tan impulsivo y para adelante que recuerda que su psiquiatra alguna vez lo comparó con “un caballo en una cristalería”.
A la hora de hablar de los Cadillacs, Caballo Loco Cianciarulo asegura que está con muchas ganas de concurrir el año que viene a una reunión que imagina como una “asamblea democrática”, en la que se verá si el grupo está para más. “Por lo pronto, en esa reunión decidiremos qué hacer con los cuatro o cinco discos de material que quedó grabado mes a mes durante la última época del grupo, pre y post-La marcha del golazo solitario”. Y sigue. “La última fue una época muy loca, en la que yo podía llamar a Bale y a Liamgot para grabar algún tema por la mañana en TNT, dejando de lado al resto del grupo. La verdad es que después me di cuenta de que tal vez me estaba pasando de rosca, pero no había ninguna mala onda. Apenas ganas de corretear un poco fuera de casa”, confiesa. Saber si el año que viene habrá o no más Cadillacs, saldrá del consenso entre todos los integrantes del grupo: “Yo estoy tratando de abrir juego, porque no nos peleamos ninada. Hay que ver si entonces habrá ganas de hacer algo. Pero eso seguro que dependerá de lo que le pase a cada uno”. 

 

Informe de Esteban Pintos

Página/12

(Noviembre 2002)