DISCO: CRITICA
Yendo de Cadillacs al living

 

    Grabado en la intimidad de su casa, el debut solista de Flavio Cianciarulo es un entrañable disco con versiones de clásicos e impronta rioplatense.



    Grabado en la casa del músico en el Tigre y, justamente, con una impronta doméstica que trasmite pachorra e intimidad, Flavio solo, viejo y peludo puso de manifiesto lo que ya se sabía y lo que tanto Cianciarulo como Vicentico se empeñan en negar: hoy los Cadillacs no son otra cosa que una pyme que funciona en la recreación de viejos temas en vivo; el placer artístico, la pulsión musical de sus integrantes pasa por otros lados. Mientras Vicentico sigue amagando con su debut solista, Flavio primereó con un disco chiquito, transparente, hippie y honesto.

    Así como Fabulosos Calavera es una especie de homenaje al rock argentino de la década del 70 —producto de las setentistas inclinaciones musicales de Ariel Minimal—, Flavio solo, viejo y peludo es un homenaje a otra cara de la década del 70. Antes que nada, y a pesar de que en términos de géneros y ritmos es bien heterodoxo, el discos transpira un espíritu rioplatense: desde la muy buena versión de Uh, qué macana, de Eduardo Mateo, hasta el toquecito de candombe de Mañana en el Abasto, de Luca Prodan, hay cierta uruguayez que el rock argentino (con grupos como La Máquina y Raíces y algunas cositas de Spinetta) frecuentó a mediados de los 70, fusionándolo con las ideas de rock sinfónico y jazz rock que bajaban de Inglaterra y Nueva York respectivamente.

    A pesar de algunos temas propios (el mejor, la zumbona Serán tus pechos que me encienden Negra: una joyita), Flavio solo, viejo y peludo es casi un disco de covers. En ese sentido, resulta clave el aporte de Norberto Minichilo. Su aporte principal es conceptual: el tratamiento de las versiones tiene el carácter que Minichilo desarrolló —más jazzísticamente— con su grupo El Terceto. Son muy interesantes los abordajes de clásicos populares como Grito santiagueño, La pomeña y Gricel.

    Tocando casi todos los instrumentos, cantando con una franqueza que soporta los pifies ostensibles, Flavio abandonó las maneras pretenciosas de muchos de los temas que compone para los Cadillacs (de Mal bicho a El muerto) y se despachó con este disco amable y rústico que no va a "cambiar la historia del rock argentino", ni lo pretende.

 

 

Mariano del Mazo

(Noviembre 2001)