SERGIO ROTMAN EN UNA ENTREVISTA INEDITA DEL AÑO 2000

"Si le sacás la parte económica, los Cadillacs se caen"


Cinco años atrás, el histórico saxofonista y compositor de LFC hablaba de sus inicios en el rock, de la historia de Cienfuegos, de un operativo policial que lo tuviera como protagonista, y afirmaba, entre otras cosas, que a sus ex compañeros "los mantienen los hits".


La charla con Sergio Rotman –el crudo de una entrevista realizada para el número debut de una revista de tirada nacional que, por la posterior caída de varios auspiciantes, nunca se publicaría– se produjo una tarde de marzo del año 2000 en la sala de ensayo montada en la casa del baterista Aitor Graña, en el barrio de Palermo Viejo.

Ya habían pasado casi tres años desde que Rotman abandonara la fama y la seguridad económica que le brindaba su puesto en Los Fabulosos Cadillacs. El grupo Cienfuegos ya había editado los tres discos en estudio que, hasta la actualidad, conforman sus obras completas, y Mimi Maura aún era un proyecto paralelo al de la banda punk.

Esa tarde, a unas cuadras del sitio pautado para la entrevista, me crucé con Gerardo "Toto" Rotblat, percusionistas de los Cadillacs, quien paseaba a un perro por las inmediaciones de la plaza de Costa Rica y Armenia. Ya en el lugar, me enteré de que Rotman llegaría a la cita con al menos media hora de retraso. Mientras afinaban sus instrumentos y recordaban anécdotas de la noche anterior, el resto de los músicos presentes (el dueño de casa, los hermanos Martín y Diego Aloé, y Hernán Bazzano –co autor junto con Rotman de Noches Arabes, tema del álbum de LFC "Bares y Fondas"–) me incluyeron amablemente en su ronda de mate.

Cuando al fin, luego de casi una hora, Sergio llegó y, con una seña, me pidió que echara a correr la cinta del cassette, yo supe que, si bien debido a su retraso y a la impaciencia de sus compañeros se acotaría el tiempo que había imaginado para la entrevista, él se mostraría tan dispuesto al diálogo como las pocas veces en que habíamos intercambiado palabras sin grabadores de por medio.

 

–Bueno, podríamos empezar haciendo un poco de cronología. La pre­historia de Cienfuegos se remonta a mucho tiempo atrás…

–Sí, como veinte años atrás. Nosotros, con otros nombres, empezamos en esa época, y en realidad siempre seguimos tocando juntos, mientras yo estaba en los Cadillacs. Lo que pasa que cosas eventuales nos fueron separando, pero nunca hicimos un planteo de dejar de tocar. Si paramos por períodos muy largos de tiempo es por que no daba. Pero para nosotros fue una cosa continua, que se aceleró mucho en los últimos cinco años. Pero tuvo esa cosa de continuidad durante casi veinte años.

Y mientras vos tocabas en los Cadillacs ¿se juntaban a tocar y hacían una música parecida a la que hacen ahora?. ¿O los ritmos más coloridas que, al menos vos y Ricciardi tocaban, contaminaban a las de este grupo?

–No la verdad es que no siempre hicimos este estilo. Al principio, de hecho yo no estaba en el grupo. Estaban Hernán Bazzano, Martín Aloé y Ricciardi. Yo era público, y ellos tocaban con lo que era el primer movimiento punk de acá. Era una banda de punk rock. No punk rock así tan ramonero como el que hay ahora, sino un poco más inglés.

Eso era algo muy novedoso para Buenos Aires no, eran pocos en ese movimiento.

–Sí, muy pocos. Estamos hablando del año 81. En total, entre los músicos y la gente eran unas cien personas y nos conocíamos todos. Ahora estuvieron todos en esa época. Ahora son como diez mil. Pero en realidad eran cien, viste, era medio una cagada.

Hasta grupos como Sumo, en su momento de apogeo tampoco eran tan populares ¿no?

–No, para nada, son mucho más conocidos ahora. Ustedes tocaron con Sumo, no (le pregunta a sus compañeros). No, ellos no tocaron en el Einstein con Sumo, como Día D o Los Marginados, porque eran menores y no los dejaban entrar a algunos lugares. Pero sí, era una movida tan chica que Sumo entraba dentro de eso. Te acercabas un poco a la gente que tuviera algo en común con vos.

Después, en los ochenta, seguimos tocando, pero íbamos cambiando de cantante. Yo con ellos empecé a tocar el saxo. Cantaba Hernán, también Gigio y Martín. Ya lo que pasó después fue que Aloé en un momento, a principio de los noventa, se fue a España y estuvo como tres o cuatro años allá. Y ahí fue donde se produjo el bache más grande de no tocar. Y cuando Aloé volvió acá y se instaló, lo invitamos a Diego y reformamos la banda. Y yo tenía como una idea de cómo podíamos sonar y se las comenté, entre lo que era el estilo original del grupo, una banda de punk rock, pero con los años de música que todos llevábamos encima.

–¿Y en ese momento pensaban en sacar discos, o la idea seguía siendo tocar para ustedes?

–No, en ese momento la idea era tocar por nosotros. En realidad siempre fue así, y ahora más que nunca. Nosotros siempre tuvimos eso, somos una banda muy introspectiva. No nos importa mucho lo que pase del borde del escenario para allá.

–¿Entonces no les importa que vaya gente a los recitales?

–Quiero decir, está muy bueno que vaya gente, y hacemos lo posible para que eso suceda. Pero esencialmente, la música y la idea de la propuesta del grupo no es ésa. Por ahí esto tiene que ver con lo que vos me decías antes de lo distinto de la propuesta de los Cadillacs. Este no es un grupo que necesariamente precise del feedback del público. En realidad puede haber una planta y un perro ahí enfrente y tocamos igual.

Y cuando empezaron como Cienfuegos, a pesar de que tenían un parentesco con una banda mucho más popular como los Cadillacs, no iba a verlos mucha gente.

–No, es verdad, no iba mucha gente, o no iba casi nadie. Cuando armamos Cienfuegos no teníamos ni equipos. Los primeros shows fueron en el 95.

–Yo fui a uno en Núñez, cerca de Obras, que se suspendió por falta de público.

–¿El lugar de los teléfonos?

El público éramos Gamexane, las novias o mujeres de ustedes, otro tipo y yo.

–De ese lugar nos afanamos un par de teléfonos que había en todas las mesas. Eso fue lo único bueno que sacamos ese día.

Yo ligué una invitación para un show de LFC al día siguiente, en Lanús. Y un afiche que aún conservo: en una cartulina blanca habían pegado una mapa de Cuba, y arriba, en marcador rojo, la palabra Cienfuegos, la fecha y el lugar. Daba la sensación de que se trataba de una banda de música caribeña. Todo muy marketinero.

–Fue una estrategia para despistar. Por eso logramos juntar tanta gente (risas).

Y después vos me gestionaste la devolución de los cinco pesos de la entrada que, como buen gil, yo había pagado. Parece que el "empresario" organizador había querido salvarse conmigo (risas) … Bueno, recuerdo que en esos años tocaban mucho con Catepecu Machu.

–Sí, en esa época sólo podíamos tocar con Catupecu, que eran los que nos invitaban y nos hacía medio el aguante y nos auspiciaban. A pesar de que en ese momento los Cadillacs estaban en su máximo apogeo, nosotros éramos tres de los Cadillacs, estábamos el Toto, Fernando y yo, y no venía nadie a vernos.

–¿Y eso no supieron explotarlo o no les interesó?

–No interesaba. Sabíamos que si querés tener una banda y que tenga cierta trascendencia y que se ponga bueno, tiene que partir de la propia banda. Porque si venís de factores externos a la banda en algún momento se te cae todo a la mierda. Porque la gente va a ir con unas expectativas que no vas a cubrir. No sólo Fernando y yo, sino que Martín ya venía de tocar con Dany Melingo en España, tocaba con Willy Crook. Teníamos medio una chapa, pero no la explotamos para nada sabiendo que iba a ser un camino mucho más largo. Pero también para el tipo de música que hacíamos nosotros estaba bien que fuera así. Ibamos a decir "vengan todos che", iban a venir y al tercer tema nos iban a tirar una piedra.

–¿Y te parece que ahora que va más gente es porque los entendieron un poco más?

–No sé, lo que pasa es que se hizo un proceso de cinco años, que es un montón de tiempo para una banda. Y apareció hace cosa de dos años un público seguidor de Cienfuegos. Pero al principio nadie entendía nada. En este país si no te encasillás, te es todo mucho más difícil. Si hubiésemos sido una banda de "funk metal progresivo" hubiese sido más fácil.

Y a ustedes hasta es difícil meterlos en el género punk.

–Demasiado rockeros para el punk y demasiado punk para los rockeros.

Esa es la consigna.

–Sí, y sabíamos que por las canciones que hacíamos nosotros iba a ser un camino largo. Y recién ahora se puede decir que hay un grupo de gente, que se mueve entre 300 y 500 personas, que se identificó con el grupo. Me parece que a Las Pelotas le pasó algo parecido. Al principio yo iba a ver a Las Pelotas y eran diez tipos. La presentación de nuestro primer disco fue en El Dorado gratis, más chiquito imposible, había escabio gratis, disco gratis, todo gratis, y creo que fueron 50 personas. Y ahora, bueno, se armó un poco. Sobre todo hicimos muchos festivales, con públicos de otras bandas, y nos trajimos otros públicos. Yo me di cuenta que desde gente de los Caballeros de la Quema, algunos de los Cadillacs, gente de Fun People se acercó porque se quedaron como flasheados.

Ni siquiera las letras ayudan a que los pibes se identifiquen fácilmente con el grupo, no tienen un imaginario adolescente ni social.

–No, no colaboramos con nadie. Pero a la vez es mucho más interesante. Un poco porque hay un montón de bandas haciendo eso, viste, y nosotros no teníamos necesidad de hacer un hit ni nada de eso. Las cosas se van a dar solas.

Por lo que me decís, y por el tipo de cosas que escribís ahora, ¿puedo deducir que renegás del pasado de los Cadillacs de letras más contestatarias?

–No, sobre todo porque yo no las escribía.

–¿No escribiste ninguna así, por ahí alguna de "Rey Azúcar"?

–Pero me parece que tampoco lo plantea uno así, del lado del músico. Vos hacés lo que podés y lo que te pegue en el momento. Lo que pasa que, en los Cadillacs, yo estaba escribiendo letras para que otra persona las cantara. Entonces no podía escribirle cualquier cosa al chabón. No podía escribir una letra como cualquiera de las de Cienfuegos. Encima un chabón como Vicentico que es re egocéntrico y todo tiene que pasar por él y es re estrella, no le podés venir con una letra como El secreto del nombre o El mundo es tuyo, que habla de falopa, viste, no da. El chabón puede cantar las de Flavio y las letras de él, que son medio románticas. Después no podés irle con otra cosa a Gaby, al cantante estrella. El sabe que yo pienso así, y obvio que se lo dije mil veces.

En "Rey Azúcar" fue donde más letras hice yo para los Cadillacs, además yo hacía las letras porque nadie las hacía. El chabón, Vicentico, no escribe mucho letras. Y para mí son fundamentales. Yo escribía un poco porque había un vacío ahí. Y cuando pintó el palo más contestatario, nos pegó a todos, no era mentira, además nosotros estábamos viajando, entonces veíamos una realidad. Y pasó como todo: algunas de las cosas eran piolas y otras eran una verdadera cagada.

–¿Y esa línea contestataria fue bajada por Flavio y por Gabriel, o se aunaban criterios entre todos?

–No, no fue llevado por ellos, en los grupos se dan solas las cosas. Nadie se va a dejar que te vengan a decir lo que tenés que hacer. Al menos así fue en los grupos que yo estuve. Todo el mundo tiene mucho ego y nadie va a dejar que te digan "che, ahora tenés que hacer esto".

Siguiendo con las letras: en las tuyas con Cienfuegos hay referencias hay escritores, como Jim Tomphson, DH Lawrence, Celine. ¿Cuál es la relación que tenés con la literatura?

–No tan intensa como otros cantantes. Yo lo único que hice fue usar esas personas para buscar en una letra. Hace tiempo que no leo, leí mucho y puedo tener una conversación decente con alguien, con otro ser humano. Pero no es que esté enganchado en este momento. Después de los libros de Jim Tomphson no volví a leer. Me reventó la cabeza tanto que dije no leo más. Pasé toda la adolescencia leyendo todos los darks, viste, Verlaine, Artaud, Baudeleire, todos. Y después me pegó el policial negro y no quise leer más. Ya me copaba tanto con lo que pasaba en el libro que empezaba a comportarme como los personajes. Hasta que me fui de los Cadillacs; eso fue el punto máximo de comportarse como un personaje de Tomphson.

Volvemos a la comparación con los Cadillacs, en donde me imagino que había agendas muy planificadas. ¿Con Cienfuegos tenés alguna perspectiva, no sé, ganar plata, llenar estadios…?

–Lo que te puedo decir es que no vamos a hacer nada raro para que eso suceda. El próximo disco no va a ser como "latinou". Vamos a seguir tocando la misma música, y si se arma se arma. Además fíjate que no estamos cómodos tocando para mucha gente. Yo no sé si estuviste en algunos de esos conciertos que hicimos para cien mil personas.

Uno en Costanera Sur, como soporte de los Cadillacs.

–Bueno. Y nosotros tocando esta cosa que es re enferma, tocábamos así (hace un gesto como si se estuviera electrocutando). El rock es una música que está hecha para hacer en lugares chicos.

Es verdad. Ver a los Cadillacs en lugares chicos como Prix Dami, sobre todo en la época de "El León" o "Vasos Vacíos", era espectacular.

–Una maza, claro. Ahora hicieron el Luna Park, no sé qué tal estuvo

Estuvo bien. Pero igual, los ves en un lugar como Superclub, donde presentaron Fabulosos Calavera, donde entran 1500 personas, y está mucho mejor.

–Sí, pero con el rock en general pasa eso. Eso de los estadios y de los conciertos gigantes es una enajenación.

Están saliendo a tocar al interior. ¿Qué tipo de público encontraron ahí?

–En todos los lugares yo encontré la misma vibra que acá, la misma onda. Por ahí el público es más heterogéneo; una vez que va una banda, van a verla desde los hippies hasta los heavies. Hicimos Córdoba, Tucumán, Mar del Plata, y yo noto que es la misma relación, todos están al tanto de lo que pasa acá, no sentís una gran diferencia con lo que pasa en Buenos Aires.

Volvemos al tema del público, y disculpame que insista. Pero me parece que uno de los puntos fuertes de los recitales de Cienfuegos es la gente, y ahora me entero de que ustedes no le dan mucha importancia.

–No es tan así. Me encanta que la gente vaya y, como vos decís, yo tengo mucha interacción con el público. Lo que sucede es que eso no afecta a la banda. En los Cadillacs cuando no había nadie empezaban a sacar temas de la lista. "Uh, que cagada vinieron 300 personas, saquemos temas de la lista, toquemos rápido, cobramos la guita y nos vamos a la mierda." Nosotros, en cambio, cuanto menos gente hay más temas tocamos. En ese punto se produce la gran diferencia.

Porque los Cadillacs es un grupo que si le sacaras por ahí la parte económica, financiera, no te queda nada. Se cae así, se deshace completamente. Y obviamente Vicentico haría su grupo, Flavio su grupo, y nadie va a tocar con ellos. Antes no era así, quiero dejar en claro que ahora es así. Lo cual no es tan malo, en un punto. Porque es una banda que toca hace tantos años que se tiene que aferrar a algo. Algunos están porque es su grupo, otros están porque son sus canciones, otros están porque cobran guita y nada más, y otros ni saben por qué están ahí. En Cienfuegos, como hay mucho más compromiso, porque no ganamos plata, cada uno sabe por qué está. Por eso si es mucha o poca gente la que va no importa.

–¿Y los Cadillacs que están acá en Cienfuegos saben por qué están en los Cadillacs?

–Bueno, en este momento no hay ninguno.

Ah, una primicia ¿Fernando no toca más con ustedes?

–No, no está más, no se podía más, era imposible. No podíamos armar un show a un mes. Para nosotros era un suicidio seguir tocando con Nando. Para eso era mejor no tocar más o tocar dos veces por año, como evento. Supongo que él no debe estar muy contento, pero bueno…

–¿Pero la relación con él sigue siendo buena?

–Sí, buena, mañana tocamos con Mimi Maura. Y todo bien. Supongo que él no estará muy contento, porque esta era su banda, él la formó. Pero en algún momento tenía que decidir qué carajo iba a hacer. Fue una historia. Lo pudimos hacer porque apareció Aitor, que es un tipazo y toca bárbaro y se copó con nosotros. Cuando salimos de la reunión que hicimos para decidir qué íbamos a hacer este año, Martín y yo le dijimos "bueno, chau, se acabó". Porque además teníamos propuestas por otros lados y podíamos meterle caña por otros proyectos.

–¿El hecho de que la mayoría de ustedes, como Martín, Aitor y vos, toque en otras bandas, alimenta a Cienfuegos o lo tira para atrás?

–No, eso está bueno, si no es un plomo. Bueno, hay muchos que no tocan nunca con nadie. El Indio Solari toca una vez por año y se refugia en la casa. Yo no puedo, tengo que tocar mínimo dos o tres veces por mes. No sólo tocar en vivo, sino ensayar y tener proyectos y hacer canciones. Si no qué carajo hacés, doce temas por año, te cagás de embole.

–¿Piensan sacar otro disco, un disco por año como hasta ahora?

–Mirá, viste que nosotros sacamos un montón de discos en poco tiempo. Pero ahora no sé cuándo sacaremos otro. Estamos viendo. Por lo menos todavía no nos echaron de la compañía.

–¿El último disco lo pagó DBN, o Todos Tus Muertos sigue teniendo algo que ver?

–No, Todos Tus Muertos nunca fue nuestra compañía. Ellos nos dieron una mano para editar el primer disco. Pero con los Muertos es muy difícil hacer nada, están re enfermos y re locos. Un año estuvimos con ellos y nos dimos cuenta de que no daba para más. El segundo disco lo único que tiene es el cartelito con el logo, porque ellos no aparecieron por la grabación para nada. Y ya lo pagó DBN. El primer disco lo hicimos nosotros, está pagado por nosotros.

(cuando intento hacer una acotación, mi voz es censurada por el sonido de una guitarra)

Bueno, tocamos un punto más y no molesto más. ¿Del episodio de Riders qué fue lo que más te molesto? (A fines de 1999, en un procedimiento anti drogas que tuvo gran cobertura en medios gráficos y televisivos, Rotman fue detenido por la policía en un boliche de Palermo, antes de un show de Cienfuegos que nunca se realizaría)

–El garrón que me comí. Además era algo que no pasaba más, la razia. Por ahí estás fumando en una esquina y te agarran, te revisan y bueno, mala suerte. Pero que entren a un lugar a revisar a la gente hace mucho que no pasaba. Antes pasaba, en los ochenta y a principios de los noventa, pasaba, viste, estaba tocando cualquier banda, se prendía la luz y se acabó, todos contra la pared. Y esto fue así, una fantasía, yo hacía mucho tiempo que no veía eso. Y me tocó. En realidad si lo pensás, con la cantidad de shows que yo hice fue bastante milagroso que no me hubieran agarrado mucho antes, entendés. Son situaciones que se dan, viste. Ellos, la cana, siempre están ahí. Yo venía zafando. Tantos shows de los Muertos, de los Cadillacs, de Cienfuegos…

–Me imagino que, con menos repercusión en los medios, ya te habría pasado algo parecido.

–No te creas, eh. Venía zafando y algún día me iba a tocar. Siempre había zafado. Un par de veces que quedé pegado nunca había tenido historias con la policía. De hecho esta tampoco fue ninguna historia rara. Lo único que me salió fue plata del abogado.

Y no tocar esa noche.

–Y no tocar ese día que fue lo peor de todo. Porque a partir de eso, para nosotros fue una mancha negra porque nos empezó a ir como mal, los conciertos desde ahí fueron malos, problemas. Yo calculo que signado por lo que pasó esa noche. Que se te suspenda un show así es de las peores cosas que te pueden pasar, es re frustrante. 

 

Entrevista de Ignacio Molina

Realizada en marzo del 2000, en Buenos Aires

Publicación LFCRarezas: 21 de febrero de 2005