CRITICA
"Los rayos" de Vicentico giran sobre la fusión



El segundo trabajo como solista de Vicentico, "Los rayos", muestra nuevamente su búsqueda en las fusiones rítmicas con un fuerte sabor latino. Presentará el disco en agosto.
 


    A dos años de su debut en solitario tras el traumático final de Fabulosos Cadillacs, Vicentico exhibe en el flamante "Los rayos", un oficio cancionero puesto al servicio de fusiones sencillas y pegadizas sobre el que exhibe su magnífica capacidad interpretativa.

    Aires de bolero, sabrosura latina apoyada en la estupenda base percutiva (obra del ex Los Piojos Daniel Buira) y abundante producción direccionada a sonar a la altura del mundo global que bate los parches pero no pierde las formas, visten el desarrollo de una docena de temas donde prima lo esperable.

    "Los rayos" son una acabada expresión de quien es capaz de ser el muchacho rebelde y disgustado y a la vez el que acepta poner su clásico "Matador" en la voz de Ricky Martin para una fiesta de la cadena musical MTV.

    La placa se abre con "Los caminos de la vida", una pieza con destino de hit que el vocalista tomó del grupo mexicano de cumbia Los Diablitos y adaptó a su polirrítmica síntesis, en la que incluyó el acordeón a cargo de su hijo Florián.

    Cierto idealismo dulzón se desliza en "La libertad" y "Las armas", antes de que Gabriel Fernández Capello (el verdadero y completo nombre de Vicentico) inicie el probado acercamiento al mundo de las relaciones sentimentales que despliega en "El barco", "El engaño" y, más acabadamente, en el sentido bolero "La verdad", donde se lucen las cuerdas guitarreras de Lucho González.

    Otro punto alto del CD que dirigió artísticamente junto a Afo Verde lo aporta "El cielo", una pieza con reminiscencias de la última etapa de los Cadillacs, donde el también actor se asoma logradamente a las contradicciones de la fe en una atmósfera oscura y cargada de angustias y preguntas.

    Las zonas grises son "El tonto" (sumando la voz de Julieta Vanegas), "Soy feliz" (casi una remake de "La felicidad", de Palito Ortega, y con el mismo tufillo injustificado de "Color esperanza"), "La nada", "La señal" y la más festiva que testimonial versión de "Tiburón" (con el bajo de Flavio Cianciarullo), creación clave del panameño Rubén Blades que en la revisita perdió su fuerte contenido original contra el imperialismo norteamericano.

    Sostenido en la sonoridad que le aportan los talentosos miembros que completan su banda (el bajista Daniel Castro, el pianista Leandro Bulacio, el guitarrista Marcelo Muir, el cantante Juampi Di Saverio, los vientistas Ervin Stutz, Alejo Von Der Pahlen y Juan Scalona y los percusionistas Pol Neiman, Matías Ruiz y Nelson Ropi Herraz), el protagonista del filme "Los guantes mágicos" exhibe un arsenal musical que, pareció, no fue a fondo en la materia.

    Hacedor de canciones que coquetean con las melodías pero que no terminan de cumplir con la totalidad de los requisitos de una composición redonda y efectiva, el otrora líder rockero concretó un segundo paso solista que, con el correr del tiempo, le aportará una señal capaz de definir un camino en el que la voz propia se imponga a las mixturas.

    A la espera de ese momento decisivo en que al talento y la habilidad se le adose un compromiso más hondo con la direccionalidad del discurso, Vicentico seguirá haciendo girar "Los rayos", que tendrán su presentación formal el 31 de agosto en el porteño estadio Luna Park.
 

 

Crítica: Sergio Arboleya

Agencia Télam

Junio 2004