VICENTICO . Marzo de 2005

La Normalidad del Genio

 

Cuando todavía nadie –ni siquiera ellos mismos– sabe si Los Fabulosos Cadillacs han firmado definitivamente su acta de defunción, y antes de que se les eche demasiado de menos, Gabriel Fernández Capello, más conocido como Vicentico, edita Los Rayos , su segundo trabajo en solitario. Para defenderlo, nos llama desde su querida Argentina. Ojos y oídos atentos.

 

    Los Rayos profundiza en lo ya expuesto en el primer disco de Vicentico, pero aportando una visión aun más personal de su propia música, que no es más que la continuación lógica de lo que ya dejara entrever al frente de los añorados Fabulosos Cadillacs en la mayor parte de los cortes de su última entrega como grupo, La marcha del golazo solitario (1999). Una suerte de pop latino que bebe directamente de las aguas de la salsa, pero desdeñando el lado más rock del grupo de Buenos Aires y, para algunos, inspirándose directamente en la literatura de Eduardo Galeano.

    “La verdad es que yo no creo que la literatura de Galeano me haya influido. Por supuesto que lo he leído y me gusta, pero no lo veo como un referente de cara a mis letras o a mi música. En Fabulosos sí marcó más, sobre todo en la época de Rey Azúcar , pero eso era por Flavio –Cianciarullo, bajista de Fabulosos– que sí era muy fan e incluso llegó a conocerle personalmente. Me ha influido mucho más todo lo que tiene que ver con Rubén Blades, tanto su música como su poesía. Para mi él sí es un punto de referencia constante”. Pese a lo que pueda parecer, las palabras de Vicentico suenan humildes, como las de un tipo normal que podría ser tu vecino, tu primo al que hace años que no ves o la de un viejo amigo que no necesita impresionarte para hacerse querer. Y es ese carácter afable el que impregna, de alguna forma, su música. Canciones que se dejan escuchar con naturalidad, haciendo que todo suene con fluidez y, sobre todo, con verdad. “Yo no intento escribir una canción para que llegue a un número grande de gente, sino que canto lo que siento, lo que me sale. Me gusta sentarme en el sótano de mi casa a componer durante cuatro o cinco horas con la guitarra, que es como más me inspiro para escribir. Siempre intento hacer esto durante una temporada todos los días, pero no significa necesariamente que dé resultado. Quiero decir que de ahí salen cosas que me gustan y que se terminan en una hora, pero hay otros temas que he tardado años en terminar, como algunos de este disco porque, como todo lo bueno, algunas canciones necesitan de su tiempo para poder madurar”.


    La temática de este disco es ambigua. Por un lado, la música desprende un aire optimista y de fiesta típico en las composiciones del argentino pero, por otro lado, las letras guardan un significado profundo, oscuro y a veces de un pesimismo arrebatador, que hace pensar en un mismo tema como punto de partida creativo. “Me gusta que exista un nexo de unión entre distintas canciones, pero la verdad es que en este caso no ha sido algo premeditado. Fue cuando ya estaba todo compuesto cuando reparé en que había; sobre todo algunos títulos que podían tener cosas en común. Y decidí que en el disco fuesen en orden correlativo, que es lo que pasa en canciones como “El cielo” y “La nada” o “El engaño” y “La verdad”. Pero realmente, si escuchas las letras de estas canciones, no son temáticas opuestas como sus títulos podrían indicar. En realidad lo más importante para saber de qué va el disco es su título. Los Rayos son los designios de la vida, las cosas que nos van pasando y que van construyendo nuestro camino como personas”.

    Esos mismos caminos son los que han llevado a Vicentico a clamar por todo lo alto las bondades de la paternidad, a las que ya se encargara de cantar en “Vos sabés” en La marcha del golazo solitario , y que ahora le llevan a incluir a su hijo de nueve años como instrumentista en el corte que abre el disco, “Los Caminos De La Vida”, de una forma en absoluto condescendiente ni ñoña, sino aportando su arte al acordeón. Como uno más. “Está claro que ha influido el hecho de que sea mi hijo, pero no quise parecer el típico padre que ríe las gracias de su hijo, sino que prefiero que él se exprese como instrumentista, haciendo algo que realmente le enriquezca como persona y como músico” . Y como tal posa en la foto de la banda al completo que ilustra el libreto del disco. Una foto en la que todos visten su propia indumentaria futbolera. “Tenemos un equipo de fútbol y jugamos todas las semanas al menos un par de veces. He leído por ahí que era un equipo que había formado para recaudar fondos para causas benéficas y cosas así, pero esto es mucho más modesto, es algo entre amigos, nada más. Participamos en liguillas del barrio donde vivimos” . Y es en ese mismo barrio donde ha encontrado a algunos de los músicos que hoy forman parte de su banda. “Este disco lo hemos grabado las mismas personas que grabamos el anterior. Formamos un buen equipo, y tengo mucha suerte de poder contar con músicos como los que forman la banda. Casi todos son gente de aquí, de mi barrio, que veía tocando por ahí en la calle, o en grupos por salas de la zona” . Y hablando de grupos, ¿hay bandas interesantes en Argentina que quieras mencionar? “Hay montones de buenos músicos y grupos muy interesantes por aquí, pero no sabría decirte ninguno en particular. Supongo que la gente de fuera estará más atenta a las cosas autóctonas, por decirlo de alguna forma, igual que a mí de España me interesa sobre todo lo relacionado con el flamenco, que realmente me gusta mucho”. Autóctono o no, el legado de Vicentico es amplio, variado y rico; algo que le ha llevado a ser considerado un talento dentro y fuera de sus fronteras. Y por muchos años. “Estoy seguro de que aún me quedan muchos discos por hacer. Yo ahora tengo cuarenta años y, suponiendo que me queden otros treinta o cuarenta años de vida... me da tiempo a trabajar todavía mucho más, y a seguir haciendo música, que es lo que quiero” . Y nosotros. Sin duda.

 

 

Juan P. Holguera, Marzo 2005

 

 

Nota aparecida en revista española, Marzo 2005 / Envíada por José María Lugrís Umpiérrez