El nieto de Alfredo Bufano

 

Vicentico. Pocos lo saben, pero el abuelo del ex Fabulosos Cadillacs es ni más ni menos que el gran poeta mendocino




Abuelo y nieto. Alfredo Bufano, el gran poeta mendocino, y Vicentico, uno de los cantantes más populares de hoy

 

¿El talento, la creatividad, la osadía de emprender nuevos caminos estéticos, se transmiten en el ADN? En el caso de Vicentico tendríamos que contestar con un rotundo sí.

Porque Vicentico es nieto del poeta mendocino Alfredo Bufano e hijo del titiritero Ariel Bufano: dos referentes obligados si se trata de lírica y arte dramático argentinos del siglo XX.

Gabriel Fernández Capello –quien usa los apellidos maternos–, vuelve una vez más a Mendoza. Esta vez para brindar un concierto, hoy, a las 22, en el Auditorio Bustelo (Peltier 611, Ciudad) (ver recuadro).

Pero Vicentico conoce nuestra provincia como la palma de su mano y sentencia con autoridad que “Mendoza me parece la provincia más linda del país. Lejos. Y esto no es un halago gratuito. Primero porque la conozco bien”, dice, y a continuación descuelga inocentemente una afirmación por la que cualquier periodista vernáculo mataría:

“Es que mi abuelo era un poeta de San Rafael bastante conocido. Mi abuelo se llamaba Alfredo Bufano”.

–¿Tu abuelo era Alfredo Bufano? ¿En serio?

–Sí. En serio.

–Contame un poco más. Es uno de los grandes poetas mendocinos y además, uno de los referentes del modernismo en Argentina.

–(Risas) Qué sé yo, no sé. Era mi abuelo (risas). Sí, sí, sé todo eso. Era un genio y un artista impresionante. Un gran poeta. Sé que hay cientos de estudios académicos sobre él.

–¿Vos tuviste vínculo con él?

–No llegué a conocerlo porque falleció por los ’50. Pero recuerdo los viajes a su casa en San Rafael. Bueno, y mi viejo, Ariel Bufano, me contó mucho sobre él. Parece que era todo un personaje. Y mi viejo siguió la tradición artística de la familia. Mi viejo fue un gran titiritero. Otro talentoso enorme. Tengo gran parte de la biblioteca de mi abuelo en casa, primera ediciones, cartas, libretas.

–Este dato le va a encantar a los profesores de la Facultad de Filosofía y Letras de Mendoza…

–(Risas) Ojalá. Está bueno. El viejo era enorme. Escribió muchísimos libros, ganó importantes premios. Mi viejo me contaba anécdotas. Bueno, y yo he leído algunos de sus libros.

–¿La poesía de tu abuelo influyó en tu escritura?

–No, no mucho. Yo siempre fui un lector curioso pero caprichoso. Leo mucho, pero no soy un lector enfermo. Tuve una formación muy ecléctica. Nunca leí sistemáticamente, ni estudié música, ni estudié una carrera. Yo leo las cosas que me interesan. Vengo de otro lado.

–¿Leés poesía?

–A veces, no mucho. Depende de lo que me encuentro, depende de que me guste. A veces me dan ganas de leer textos oscuros y voy a Baudelaire, otras veces voy a Lorca. Pero es caprichoso. Cuando encuentro un libro que me gusta mucho, lo leo y releo como cincuenta mil veces. Me gusta abrir un libro por la mitad, leer y ver qué me dice. Ya sé que suena medio bruto, pero es así.

–Te lo preguntaba porque tu manejo de la palabra no es “inocente”.

–No, inocente seguro que no es. Pero no tiene que ver con la influencia literaria. Tal vez sí de la filosofía y de algunos autores raros.

–¿Por ejemplo?

–No, no sé qué decirte. Autores de botánica (risas). Qué sé yo, Terence McKenna, Huxley, Castaneda, Maslow, no sé. Un libro interesante para mí es el Libro tibetano de los muertos.

–Vos tenés una estética sumamente particular. Las letras, el arte de los discos, los videos. Todo está integrado con un concepto artístico definido. ¿Te sentís un artista integral?

–Es algo bastante natural para mí. La verdad es que yo me dedico a esto. No tengo otra ocupación en mi vida más que hacer música, tapas de discos y videos. Es lindo. Es lo que más me gusta. Lo disfruto mucho y no es un trabajo, es un placer. Me encanta sentarme a pensar ideas y que cada detalle tenga su porqué. Yo no hago cosas de relleno. Y me encanta que por suerte alguien se dé cuenta de que hay un concepto artístico integral detrás de ellas.

–¿Hay un pensamiento estético volcado en cada una de tus instancias creativas?

–Yo estoy seguro de mí. Sé que es auténtico lo que hago. Todo es muy de verdad. Mi vida se la dedico a mi familia y todo lo que hago lo hago porque me gusta. Hace tiempo que dejó de interesarme otra cosa que hacer bien las cosas. Mi hacer pasa por querer transmitir algo y en ese sentido considero que soy un artista.

–¿Un artista de qué tipo?


–Bah, artista en el sentido de que es artístico lo que hago. Que tengo un lenguaje por arriba del lenguaje, creo que la imagen es todo un lenguaje, que la música es un lenguaje y a través de ella podés decir cosas. Por lo menos, inquietar a la otra persona, concentrar a la otra persona.

–A propósito de inquietar con los mensajes, en tus letras hay crónicas de la realidad, hay escepticismo, hay esperanza y todos los puntos medios. ¿Cuál es tu propósito?

–Cuando compongo me rondan ideas acerca de la vida y por alguna razón de la cual no tengo ni idea me interesa contarlo. Eso que decís que ni todo está bien ni todo está mal está bastante cerca de lo que pienso, porque me interesa, justamente, lo que hay en el medio. Me interesa lo hay entre los opuestos. Me parece que por ahí tenemos un camino. A mí no me gusta ni bajar línea, ni la cosa panfletaria ni explicar. Eso no me resulta sobre todo por que no sé cómo funcionan las cosas. Siempre voy por el medio. Y lo que me tira es describir alguna situación que pueda servirme a mí para mi vida y que tal vez pueda servirle a alguien más si lo escucha.

–¿Vos escribís para entenderte?

–Sí, claro. Para conocerme, para entenderme, para salvarme, para curarme, para estar sano. Es un modo, ¿no?

–Es el mejor modo.

–Sí. Creo que la creación es no estar tanto en contacto con el pensamiento sino con el corazón, la intuición. Conectarte con eso te ayuda a ver la esencia de las personas. El pensamiento me molesta por momentos. Cuando hago música me libro del pensamiento, estoy viendo lo que tengo adentro.

–Y eso que tenés adentro, el que compone desde el corazón, ¿es lo que te hace un artista popular?

–Supongo que sí. Yo siento que lo que hago es popular. No tengo otro modo de hacerlo. Mi aprendizaje de la música es popular, yo aprendí a hacer música de esa manera, conectado con lo popular y por el momento no tengo previsto cambiar. Aprendo cosas nuevas dentro de lo que sé hacer. Pero sí, soy un músico popular porque intento cantarle no a la cabeza de la gente, sino al corazón o a la intuición.

–Cuando elegís y arreglás temas que no son tuyos, ¿cómo es ese trabajo?

–Es muy intuitivo. Es lo que me va saliendo, es como cuando hago una canción mía. Hay canciones que yo elijo para cantar porque me gusta cómo lo cuenta otro. Y me queda genial usar eso que dice otro autor para decir lo que a mí me cuesta decir por mí mismo.

–¿Arreglar, versionar un tema es de alguna manera mejorarlo un poco?

–No, mejorarlo no, porque cuando vos elegís una canción te parece perfecta. Lo que pasa es que cuando te ponés a jugar con el tema empiezan a aparecer detallitos que te gustan y los vas dejando. O que creés que le hacen bien a la versión de la canción. Y si lo que vos estabas buscando en el tema aparece, es refuerte, y lo dejás. Queda. Es un juego.
 

 

 

Nota realizada por Patricia Rodón

Diario Uno (Mendoza)

8 de julio de 2005