MUSICA: ENTREVISTA CON VICENTICO

"Lo que a muchos les parece cursi para mí es fino"

Cada vez más lejos del rock y ya afirmado como solista, habla de sus cambios interiores, su experiencia con Ricky Martin en Miami y de su necesidad de viajar. Hoy despide el año en el Luna Park.
 


    Cayó del cielo. ¿De dónde puede venir sino el amor? En medio de la pampa, al lado de un árbol, Vicentico recibe de regalo una chica que cae del cielo. Es el video de su canción Culpable. ¿Existe algo más romántico? En Algo contigo canta vestido de chansonier de los 50, elegante y guapetón, mirada a cámara, melancólico perdido. Y panzón. La versión solista de Vicentico—Gabriel Fernández Capello es romántica a morir. Años luz de aquel que se reía de que su novia se cayó en un pozo ciego.

    En todo este año solitario —después de 18 al frente de Los Fabulosos Cadillacs— Fernández Capello llevó su disco Vicentico (editado a fines de 2002) a todas partes. Desde Trastiendas repletas hasta giras por Córdoba, Bariloche, España, Bélgica, Miami. Casi siempre lugares chicos (excepto algunos festivales). "Prefiero que me quede chico un lugar a que me quede grande", había declarado en su momento. Un trabajo de hormiga. Lo presentó y lo presentó y lo presentó hasta que consiguió lo que quería: un gran Luna Park hoy a la noche.

    Lo del romaticismo, en realidad, no es nuevo. Es que ya no tiene que compartir decisiones estéticas con nadie. "La canción del pozo ciego no la escribí yo", explica sentado en un sillón azul del estudio de grabación de Javier Calamaro. El chansonier elegante cultiva en la realidad un estilo rotoso: remera, pantalón, zapatilla, todo tendrá su correspondiente agujerito.

    "Cuando empezamos a tocar con los Cadillacs —sigue explicando—, teníamos 17 años, era claramente una banda, estaba todo mezclado. Después empezó a aparecer la imagen de Flavio, la mía, como autores. Igual mis canciones eran un poco más románticas".


¿En algún momento te avergonzó esa parte Roberto Carlos?

No. La primera vez que me fue a escuchar mi mujer me dijo que parecía Cacho Castaña. A lo mejor para vos es Roberto Carlos, para ella Cacho Castaña, y para mí es lo que soy. La verdad es que me gusta eso, soy así, es lo que más fácil me sale, también puedo hacer otra cosa.


Me refiero a que quizás entre algunos jóvenes existe miedo a ser emotivos.

A mí nunca me dio miedo. Lo que a muchos les parece cursi para mí es fino. Lo veo como sentimientos nobles y suaves, son tiernos. Yo no me considero cursi, pero entiendo lo que me preguntás. Me acuerdo de chico estar un domingo a la tarde en mi casa, y que se escuche Sandro o Raphael en la casa de al lado. Pero esa sensación que yo tenía en ese momento de "qué triste que es esto, qué horrible", ahora la añoro. Esa tristeza creo que es un motor. No es melancólica, es una tristeza que se toca con algo profundo. No importa si Cristian Castro hace canciones feas o lindas, lo que importa es lo que produce eso a cada persona.


Antes no era cursi...

Antes también. Igual los que lo consideramos cursi somos una clase de gente. Hay otra gente que lo sigue disfrutando más allá de nuestras elucubraciones. Y esa música les sirve, los cura y les hace bien, como a todos nos hace la música. La música está para usarla no para pensarla.


¿La música te transformó?

Creo que la esencia de lo que uno es no cambia jamás. Ahora que la música te hace cosas, te hace cosas. Hay canciones con las que te volvés loco, hay canciones que no he parado de escuchar desde que las conocí y se las muestro a mi hijo y las escuchamos los dos juntos y te cruzás con alguien que también las escucha y es como un hermano.


¿Por ejemplo?

Cualquier canción de McCartney. Ahí siento que todo McCartney es mío. Pero de repente encontrás a otro que le ocurre lo mismo. Y eso pasa con la música, es una manera de decir algo que no se puede decir en palabras.

¿La música estaría antes que la palabra?

Debe ser. O quizás estén al mismo nivel, tal vez la música sea más primaria y por eso nos emociona tanto. Si bien el lenguaje es lo más importante que tenemos, también tiene su costado molesto y oscuro, capaz de hacernos ciegos a muchas cosas. Igual, estamos delirando. Pero es sorprendente lo que provoca la música, es atrayente pensar en eso.


¿Pensás que la música está en un lugar y el músico la conecta?

No. A lo mejor mucho más allá de lo que estamos hablando haya eso. Pero me parece que no, que es trabajo. El oficio del músico es sentarse y escribir, escribir, escribir. No creo eso de que somos una antena. Tal vez sea así, pero no me imagino a mí captando algo de no sé dónde. Creo que sí capto cosas de mí mismo y me conecto con cosas mías y tal vez de la gente que me rodea.


Este camino paso a paso, ¿es algo que vos tenés de persistente? ¿Sino llegaba el Luna Park no había problema?

Hay dos cuestiones. Una es que no tengo otra opción porque es de lo que vivo. No soy millonario, gano la guita que gano porque laburo sin parar. No puedo decir: "No toco más por dos años". Y por otro lado, la verdad es que me encanta tener un plan y desarrollarlo. Después, si no se cumple, no se cumple. La idea de decir a principio de año: "Hago tantas Trastiendas y después un Luna", y llegar a eso, es mágico.


Cuando sacaste el disco no sabías si todos te querían escuchar como solista.

Pero yo sabía que yo me quería ver como solista.


¿Siempre fuiste así?

Creo que todos somos así, salvo algún quemado que piensa demasiado las cosas y por eso no puede avanzar en nada. Si uno se pone a pensar en los demás, cagó.


¿Por qué al disco no le pusiste Simplemente Gaby, como pensabas?

Ahí sí pensé en los demás. ¿Sabés en que sí pienso a veces? En las compañías. Si tengo un contrato con una compañía me interesa que esté contenta, que entienda lo que estoy haciendo. Me ha pasado muchas veces que no entienden y no saben qué hacer con el disco después. Y pensé que si le ponía Simplemente Gaby, estos tipos lo iban a vender como si fuera Sergio Denis.


En un reportaje dijiste que te gustaba la palabra "desatino" porque eso éramos todos de algún modo.

No es una idea mía. En un libro de Castañeda, alguien dice que uno debería vivir en el desatino, pero en lo que llama "desatino controlado". Es como actuar. Hay una parte de nosotros que solo actúa, inventa, miente todo el tiempo, pero controladamente. No importa si es verdad, mentira, sólo que vos te inventás tu mundo y lo llevás a cabo.

Y lo que Vicentico quiere llevar a cabo en los próximos cinco años, dice, es viajar.


¿Pero viajar para conocer o para que te conozcan?

El medio que tengo para viajar es tocando. No tengo plata para vivir de viaje. Entonces el método que uso es grabar discos, hinchar las pelotas para que los editen en diferentes lugares y viajar.


¿Te ocupás de recorrer los lugares?

Para mí viajar es viajar, es moverte del lugar donde estás, a cualquier lado.


¿Por ejemplo a Chascomús?

Sí, es un viaje muy lindo. Hace poco nos fuimos a Atalaya, un pueblo increíble cerca de Chascomús. Uno puede viajar acá nomás y flashearse mal. Uno no tiene idea de lo lisérgico que es viajar, en el sentido de lo que expande las sensaciones.


¿Y a dónde te gustaría ir?

Me dan ganas de viajar por Europa porque, entre otras cosas, tiene algo buenísimo que es cierta tradición de cómo hacer un concierto. Con mucho cuidado, respetando el horario, todos trabajando para que esa noche el concierto sea bonito.


¿Te dijeron que el disco era muy romántico?

A mí me gusta el viejo romanticismo, no romántico-Chico Novarro. Como Chopin, como oscuro, exacerbadamente romántico.


¿Alguien que cree sólo en el corazón?

Tal cual.




Viviendo la vida loca con Ricky Martin

En octubre Gabriel Fernández Capello tomó sol en Miami con su familia, cantó con Ricky Martin y se llevó una estatuita al Mejor Artista Nuevo Argentino. Fue en los premios MTV Latinos. "Me gustó que me consideren un artista nuevo —sonríe—, me hizo sentir muy feliz eso, aunque más no sea un premio de la industria". Y aunque, asegura, no se lo tome muy en serio.

También le gustó viajar a Miami y estar unos días en la playa: "Esa fue la paga que recibí por ir a cantar con Ricky Martin. A veces no se piensa de esa manera pero yo creo que muchos de los que estábamos ahí fuimos por eso. Es muy lindo que alguien te diga 'te vas cinco días a Miami, te pagamos un pasaje en business con toda tu familia, pero tenés que cantar con Ricky Martin'. Sí, vamos, canto con Ricky, hago todo y la paso bien".


¿Si tuvieras que cantar acá con Ricky no lo harías?

Ni a palos. Salvo que me paguen dos millones de dólares. Me parecía que estaba bueno ahí. Igual, ojo, al principio no quería. Dije "¡Uy, qué jodido cantar Livin' la vida loca!", me tocó el tema más difícil, ¿de dónde me agarro yo para cantar la vida loca?". Y al principio no quería ni a palos, pero hablándolo con mi mujer y con mi hijo, me dijeron: "¿Cómo no vas a cantar con Ricky Martin?".




Historias de ascensos y caídas

Los guantes mágicos es la nueva película de Martín Rejtman en la que Gabriel Fernández Capello actúa junto a su mujer Valeria Bertuccelli. La película, que anda recorriendo festivales internacionales, será estrenada en abril. "Es muy graciosa hasta un punto, después se vuelve totalmente deprimente", cuenta él. Pero su relación con el cine no se limita a actuar. Desde hace tiempo, Vicentico escribe un guión.


¿Sobre qué tema?

Me gustan las historias de ascenso y caída de alguien. Me fascina eso: nacimiento, ascenso, estrellato y caída estrepitosa. O me gustan las películas sobre deportes, sobre la emoción del que logra algo. Es re cursi pero haría una película sobre fútbol.


Entonces te tiene que gustar los realities tipo Operación Triunfo.

No, eso no me gusta. Porque ahí no triunfan. Cuando alguien te elige no triunfás. Cuando hay un jurado, eso sí lo detesto, me parece lindo cuando alguien triunfa adentro de sí mismo. No puedo creer las pelotudeces que suelen decir los de Operación Triunfo, vos tenés que comerte la cámara, ser sexy, todas mentiras, esas mierdas.


¿Y por qué te gusta cuando caen?

Porque ahí la persona se encuentra de vuelta con su principio... Qué se yo, no sé por qué me gusta.




Información

Ya tiene grabados 10 temas en un demo, de los cuales le gustan algunos, de modo que deberá ponerse a componer un poco más. El plan es tener listo el nuevo disco en marzo.

 


OPINION

El rufián melancólico

Por Mariano del Mazo.


En los últimos años de los Fabulosos Cadillacs, entre la inflamación latinoamericanista y jazzera de Flavio y la guitarra progresiva de Ariel Minimal, Vicentico fue colando, como haciéndose el distraído, pequeñas joyas perdidas en la vorágine del hit, perlas impregnadas de una porteñidad visceral, casi tanguera. Estamos hablando de temas como A amigo J.V, C. J., Niño diamante, Roble, canciones dedicadas respectivamente a un amigo de la niñez, una mujer, un hijo y... el árbol de su jardín de Boedo.

En su lanzamiento como solista acomodó su postura de rufián melancólico a la de galán latino. Puso tambores, se deslizó entre la rumba flamenca y el mambo y apostó a la proyección internacional. Es otra de sus impostaciones. Rascando tanta alharaca de producción se puede escuchar, por caso, a un hombre solo que canta, argentinísimo, Todo está inundado. No pueden caber tanta belleza y desolación en una canción.
 

 

Entrevista de Laura Gentile

Clarín

(Diciembre 2003)