MUSICA: ENTREVISTA EXCLUSIVA CON VICENTICO
"Todavía estoy buscando dónde pararme"


Habla de "Los rayos", su nuevo disco. De su pasado rockero y su actual cercanía con Diego Torres y Ricky Martin. De los Cadillacs. De sus contradicciones y de su mujer, Valeria Bertucelli. De (casi) todo.

 



    "Cada vez me cuesta más bajar de peso. Y quiero dejar el cigarrillo. Se me está complicando el fútbol de los jueves". Gabriel Fernández Capello corona la frase encendiendo un rubio y, sin llegar a la esquizofrenia de un Roberto Sánchez-Sandro, deja un espacio abierto donde se entrevee, espectral, la imagen de Vicentico.

    Vicentico es un cantante que después de un pasado Cadillac a todo ska-rock-punk y otras onomatopeyas se ubicó dócilmente al costado de Ricky Martin en los Premios MTV, al ladito de Diego Torres en el unplugged y bajo el paraguas del productor estrella Afo Verde. Sin embargo un charme extraño, un estilo, cierta actitud, parecen protegerlo de estos movimientos que convocan a la mezcolanza. Dice Gabriel Fernández Capello: "Es así. Se me puede creer porque nunca tuve problema de mentir tampoco. Puedo mentir con tranquilidad, puedo no decir nada, también puedo decir lo que pienso. No me da miedo la contradicción". ¿O es Vicentico el que habla?: "El otro día estaba en la cola de un banco —¡en la cola de un banco!, te das cuenta...—, y se me para un flaco bien argento. Me dice: Transaste, loco. Ricky Martin... dejate de joder... Yo le dije: Mirá, estamos los dos en la cola de un banco. Relajate. ¿Cuántas cosas que decís en tu casa después no hacés? Me parece ridículo que se le pida a un pibe que canta no sé qué ideología. Porque ni siquiera es ideología a partir de algo serio. La verdad, la pura verdad es que no tengo ningún problema de cantar con Ricky Martin o Diego Torres. Sobre todo ahora que estoy solo; cuando estaban los Fabulosos Cadillacs tenía que compartir la idea de qué hacer y qué no hacer.


Pero compartir un escenario con Diego Torres, ¿no tiene que ver con algo estratégico, de posicionamiento en el mercado?

Sí, en un punto. La cosa es así: me llama Afo Verde, me dice si quiero componer un tema para el disco de Diego. Pienso si me conviene, si tengo tiempo... Una vez que acepto trato de hacer una canción linda y que sea lo que Dios quiera. Porque por otra parte no estoy tan seguro de que me convenga hacer una canción para Diego Torres. No importa. Lo que importa es que mis discos salgan bien. Ahí no jodo, doy todo, me pongo las pilas. Y los discos están saliendo.


¿Cómo te salen?

Y... creo que bien. Este me gusta más que el primero, que ahora me suena un poco light. Te soy sincero: las canciones me salen con tanta facilidad que... no sé, me siento chanta. No sufro, no paso momentos de pensar que no me va a salir nada.

¿Por qué "Los rayos"?

Fue una idea de mi hijo, Florián (9 años). Me pareció linda la imagen. Me gusta pensar cada canción como un rayito, un pequeño gesto de la naturaleza. Peligroso y efímero al mismo tiempo.

¿Estás más cerca de pensar que una canción puede ser peligrosa o efímera?

Las canciones la gente las compra, las escucha y chau.

Así de rotundo

Yo no sé si es porque estoy cerca de los 40, pero para mí hoy lo más importante no es sacar un disco sino que mi casa funcione. Me preocupo en la grabación, atravieso mis momentos obsesivos. Pero no me voy a poner a sufrir, o tomar pala, o hacer quilombo. Tengo mis prioridades.

¿Por ejemplo?

Hay cosas que no transo. El horario del colegio de mi hijo no lo cambio por nada porque me gusta llevarlo y traerlo. Es sagrado. Me encanta: compartimos un momento por día bárbaro. Eso no me hace ni mejor ni peor padre, porque es algo que me gusta a mí.

Lo que más te importa es que tu casa funcione. ¿Funciona?

Sí, con Valeria (Bertucelli) formamos una familia real. Hace 12 años que estamos juntos. Hemos aprendido a manejar momentos complicados, como los de la exposición y esas cosas. Cuando andamos con mucho laburo, como en estos últimos tiempos en que yo tuve el disco y lo de Los guantes mágicos y ella también Los guantes... y Luna de Avellaneda nos guardamos un momento de relajación para los dos a la noche, al fin de la jornada, en la cena. Como cualquiera, ¿no? Como empleado de comercio, un taxista, como un remisero.
 


    Como el remisero del Renault 12 que Vicentico hizo brillar precisamente en Los guantes mágicos, la lánguida comedia de Martín Rejtman. Un protagónico que, después de Silvia Prieto, lo confirma como el actor fetiche del director. "Me costó encontrar el tono justo de mi papel. Al final salió. El tipo es un inexpresivo total. Con su Renault, su flequillo. Un gordito boludo. Logré la composición recién cuando me puse su pilcha: mocasines, chaleco, camisita... un nerd total. Un día estábamos filmando en Ezeiza, fui a comprar cigarrillos así vestido, con mi panza y mi flequillo y nadie me reconoció . Otro día pasé a la salida de un colegio lleno de pibas... Igual, nada. Ese fue mi éxito".

    Se ríe sin pudor cuando se le recuerda su paso por Rebelde sin pausa, aquel progama de ATC que conducía en el 92 ("y bueno..."), y cuenta con serenidad la actitud que tuvo Chico Novarro ante su versión de Algo contigo. "Una versión buenísima, potente, del anterior disco. El tipo se agarró de la parte final, que repite la frase algo contigo con ritmo caribeño, para decir que era una versión irrespetuosa y pedir una compensación económica. Mucha, mucha guita, que finalmente se le tuvo que pagar. Igualito a Blades, que dijo que era un honor que le grabáramos Tiburón" (ver Los rayos...).

    Más allá de mezquindades, Vicentico tiene una certeza: que nunca le va a faltar la comida a su hijo. ¿Por qué? "Porque me tengo confianza como trabajador, porque con los Cadillacs hubo épocas que estábamos en la lona y salimos a puro huevo y creatividad. Y porque por suerte me salen las canciones".



Sin embargo el haber dejado a los Fabulosos Cadillacs en pausa suena algo así como un seguro de desempleo. Si están con problemas de dinero se juntan y hacen una gira por América Latina.

No, para mí no funciona así. Si yo necesito plata prefiero agarrar un teclado, ir a una cantina y cantar Mal bicho y Matador por 200 pesos.
 


Los Fabulosos Cadillacs: ayer nomás

Hace tres semanas, en un programa radial, Vicentico expresó: "Los Cadillacs no existen más. Eso no implica que en un futuro no nos juntemos para hacer un disco con cara de ojete. No me parecería mal tampoco". Y, también: "Con Flavio me siento más par que con el resto de los chicos y eso debe molestar en un punto". Ahora recoge un poco el hilo, sólo un poco. "En la radio es diferente decirlo. Ahí me están escuchando, lo que queda escrito el que lo lee lo lee con su voz. Decir que Flavio y yo éramos los Cadillacs es una exageración, pero también es una exageración decir que era una banda donde todos empujábamos igual. Y la guita la repartíamos entre todos por partes iguales".

Vicentico habla sin rencor, casi con nostalgia: "Fuimos aprendiendo de a poco. En Fabulosos Calavera , que hay temas más jazzeros, se nota que somos pibes que estamos intentando algo que no manejamos muy bien. Estábamos aprendiendo a tocar".


¿Ahora podés ver claramente por qué tuvieron éxito?

Había una fricción, una competencia, que nos hacía ir para adelante. Y también una cuestión muy fuerte de amistad. Eramos muy esponjas.

Siempre funcionaron espejados a modelos: Madness, Clash, Mano Negra...

Lo de Mano Negra te lo discuto... Creo que con ese estilo primereamos. Yo particularmente jamás me puse la remera con la cara de nadie. Ni de Manu Chao, ni de The Clash, ni de Los Beatles. La única remera que usaría es la de Diego (Maradona). Y musicalmente sólo me arrodillo ante McCartney, Caetano, Lou Reed, Dylan y Neil Young.

¿Nada más?

No, nada más. Y nunca copié a nadie. Quizás en un momento ponía la voz un poco a lo Chet Baker, sí. Pero apenitas.

Entrevista de Mariano del Mazo

Clarín

(Junio 2004)