A FONDO

El lado oscuro de Gabriel Fernández Capello, Vicentico. Gordura, culpa y autoritarismo.
"Lamento ser sincero, pero no soy un tipo solidario"



Protagoniza Los guantes mágicos, un film que recibió todos los elogios de la crítica. Y acaba de sacar su segundo disco solista, donde habla de los temas que lo obsesionan: la libertad, el engaño, la felicidad. Sus debilidades. Los fantasmas que lo acosan detrás del éxito.

 

 


    "La prensa tiene la culpa por no contar lo que pasa", dice. "No soy una persona solidaria: si alguien necesita sangre o plata, no se la doy", dice. A un piquetero le diría: "No hay modo de que esto que hacés te salve de nada". Se da cuenta de lo que está diciendo. Mira el grabador. Continúa. No se conforma con las respuestas del Manual del RockStar de Buena Conciencia. No se desvive por ser políticamente correcto. Muestra sus razonamientos casi por la mitad, en construcción. Corre riesgos, sabe que esos bocetos de pensamiento pueden sonar autoritarios, o desangelados, pero no le importa. Le interesa la sinceridad. He aquí a un señor que está pensando y está buscando algunas respuestas sin importarle si suenan antipáticas o no. Vicentico se sienta, fuma y habla. Es un tipo que piensa y se anima a compartir su aventura de pensamiento.

 

    En la charla con Veintitrés, más de una vez, después de una de esas frases, hace un silencio y piensa que está hablando de más. Pero defiende su verdad como bandera, aun a riesgo de equivocarse. Vale la pena charlar con Vicentico. La excusa puede ser, cómo no, la salida de su segundo disco solista, Los rayos, un emocionado compendio de ritmos americanos, un manojo de canciones agridulces con títulos claros, casi una declaración de los temas que le interesan: "La libertad", "El engaño", "La verdad", "El cielo", "La nada", "Los caminos de la vida", etcétera.

 

    - Obvio que no son casualidad esos títulos. Siento que todas las canciones que puedo escribir hablan sobre ese tipo de temas que me inquietan. Son más preguntas que otra cosa.

 

    - "Los caminos de la vida", una de las dos canciones que no son de tu autoría (la otra es la antiimperialista "Tiburón", de Rubén Blades) dice: "Los caminos de la vida no son lo que yo esperaba, no son lo que yo creía". ¿Qué esperabas menos para tu vida, llegar a esta edad siendo un músico popular exitoso o un padre de familia?

 

    - Supongo que ser un músico. Para mí es sorprendente, no tanto el éxito sino haber logrado tener una profesión. La verdad que me preocupaba cuando era chico. "¿A qué carajo me voy a dedicar?", me preguntaba todo el tiempo. La generación de nuestros padres estaba muy preocupada con eso. Eran hinchapelotas con lo de "¿Qué vas a hacer de tu vida?". Hasta que me di cuenta de que era músico, vivía preocupado: "¡Uy! ¡Qué voy a hacer!". Y no me imaginaba ni en pedo lograr tener un oficio. Por suerte se me convirtió en un oficio, que me resultó salvador en ese sentido. Me tranquilizó mucho saber que puedo componer canciones y cantarlas.

 

    - ¿Te salen fácil las canciones, no es "el sufrimiento del creador"?

 

    - Sí, muy fáciles. Y me dan un poco de culpa. Mi viejo era titiritero (Ariel Bufano) y era muy hinchapelotas con ese tema. Me acuerdo de sus frases cerradas como: "Es 99 de trabajo y 1 de inspiración". Y yo decía: "¿Es así? Qué cagada, yo soy un chanta". Porque para mí no es trabajo, la verdad no transpiro nada, me divierto, lo paso bien. El momento de componer es lindo, de diversión y de introspección pero nunca 99 y 1. En mi caso digamos que la transpiración es un placer.

 

    - Pero estamos educados para que el placer nos de culpa.

 

    - Definitivamente. Estamos educados así y la gran revolución, la pelea más propia que uno puede dar es esa: la verdadera hazaña es separarse de eso y lograr ser feliz, aunque sea por un rato, soltarse de todas esas cosas.

 

    - Hablás de ser feliz en este disco. Y también en el tema "Las armas" decís: "Hermano, tenés las armas / y yo también las tengo / hermano soltá las armas / y yo también las suelto / ¿Qué es lo que hay fuera de esta guerra?". ¿Cómo se compatibiliza esa felicidad propia con ese afuera en guerra?

 

    - No, me parece que en la guerra uno también es feliz.

 

    - Eso decís en otra letra: "Soy feliz / ya no me queda tiempo para sufrir / soy feliz, cuando lloro / en la guerra / soy feliz". Es llamativo, ¿Cómo es eso de que uno es feliz en la guerra?

 

    - Sí, porque la felicidad no es sólo la de pensar que soy feliz. Apunto a la felicidad del cuerpo vivo sin cabeza. Es muy difícil que uno pueda lograrlo, pero hablo de eso. Me acuerdo de una vez, cuando mi hijo era muy chiquito. Íbamos en una moto en la playa y él se sentó atrás y levantó las manos como para agarrar el viento. Tenía un año, año y medio, no pensaba: "Voy a agarrar el viento". Él lo agarraba, a eso voy. No sé como lograr no pensar y lo que dice esa canción, soy feliz cuando trabajo, cuando el cuerpo está vivo y se mueve... y lo de las armas, no puedo evitar en momentos estar en guerra, ni siquiera la de los tiros. Con otra persona, conmigo, es tan así que me hace pensar si afuera de esa guerra no hay otras cosas, casi por descarte, casi por oposición. Seguro que del otro lado hay algo, la verdad es que tampoco tengo muy claro cómo explicarlo ni nada, son más preguntas que me hago y que pongo en una canción.

 

    - ¿Hay cosas que decías siendo el pendejo de los Fabulosos Cadillacs que no han cambiado?

 

    - Sí, todas. Y voy encontrando un modo más certero de decirlas. Siento que recién ahora estoy empezando a ser comprendido. Siempre usé un formato liviano o gracioso.

 

    - Cuando cantabas "Yo no me sentaría en tu mesa" eras muy claro y se entendía.

 

    - Sí, pero el formato de la canción era superliviano.

 

    - En qué mesa no te sentarías hoy

 

    - En la mayoría de las mesas no me sentaría. En realidad me sentaría a discutir con mucho placer, pero la cuestión es si uno debe o no hablar de la televisión, por ejemplo, cuando no está en nada de acuerdo. Me parece que es una discusión estéril porque podría decir "no miro" y ya está. Pero lo que sucede es que me da bronca cuando miro y me exaspero, y me parece que tiene mucho que ver. Siento que la mayoría de la prensa tiene una responsabilidad muy grande en lo que sucede y no se hace cargo. Dicen: "nosotros sólo informamos". O se quejan: "¿Y ahora resulta que la culpa la tiene la prensa?". Y ahí no se está haciendo cargo. Sí, algo de culpa tiene la prensa, tiene mucho que ver con lo que nos pasa. Esto de saber todo no sé si es sano. No sé si está bien, me parece que no.

 

    - ¿Culpa de qué tendría la prensa?

 

    - Culpa de contar lo que pasa, aunque suene a lo que quieras... es facho...

 

    - Suena autoritario.

 

    - Pero no tiene nada que ver con el autoritarismo. Lamentablemente no tengo otras palabras para decirlo.

 

    - Vicentico, una de las funciones del a prensa es contar lo que pasa.

 

    - Totalmente de acuerdo. No hay dudas sobre eso. Pero visto desde el mundo más solitario y... no sé cómo decirlo. No solamente el qué cuenta: eso es lo de menos. El cómo está contado tiene tanto que ver. Vivimos, como ciudadanos, dentro de este mundo donde tenemos la tele y somos todos una cabeza pensando sobre lo que sea. Temas menores o mayores, que en definitiva son temas del a vida. Las muertes, los secuestros, las drogas, sobre todo lo que me pone más nervioso es el tema de las drogas. Todo eso que supuestamente son temas mayores, uno ve eso en la tele y se queda como "¡qué horror!". En el fondo son un hombre que muere, un hombre que nace, temas que vienen pasando desde siempre y vivimos aterrados en este mundo. No sé, me replanteo: ¿Será que deberíamos enfrentar un poco de eso, dedicarnos más a otra cosa, no porque esto exista es lo único que existe?

 

    - ¿"Too much information", como decía The Police?

 

    - Demasiada información y ¿por qué no ocuparnos de ver qué nos sucede? Una semana sin nada de esto. Una mínima pruebita, a ver hacia dónde va el mundo, hacia donde nos dirigimos, de qué nos ocupamos, si no nos ocupamos de todo esto. A lo mejor nos ocupamos de hacer arte, de hacer canciones, pintar un cuadro, ser felices.

 

    - Te sentarías con Kirchner?

 

    - Me da miedo decir "me cae bien" porque inteligencia en el gobierno es algo que no vi desde que nací. Nunca vi uno que puede hablar sin un papel adelante. Y tanto él como Cristina son inteligentes y eso me cae bien. Estaba con mi familia en Patio Bullrich un domingo y la veo pasar a Cristina, sola, haciendo compras y dije "¿Uh, qué grosso!". Se la banca y no tiene problemas en que alguien le diga algo y contestar desde un lado inteligente. Eso me gusta. Por otra parte me da impresión. Lo que pasa es que no acuerdo en el modo de la política, me parece reaccionario. Me siento muy poco representado, ni siquiera por los partidos de izquierda donde militaba de pendejo. No comparto nada con ellos, ni el aborto, ni la droga, de eso no hay ninguno que hable. No va por la política. La verdadera pelea que puedo dar es mucho más interna. Por otra parte andar peleando peleas ajenas, muy ajenas... a mí me parece que esto puede sonar tremendo, pero la solidaridad con el prójimo... yo no puedo ser muy solidario, hay algo que se esconde detrás de la solidaridad, que no es generosidad, es otra cosa.

 

    - ¿Cómo?

 

    - Si soy sincero, puedo quedar muy mal pero no soy una persona solidaria, si hay alguien a quien hay que darle sangre o plata, no lo hago. Será que soy un hijo de puta o estoy siendo sincero conmigo. Y que todos deberíamos ser sinceros. La vida no pasa por ahí y "Solidaridad" o "generosidad" es una máscara. Todo es muy raro.

 

    - Un "Solidario", el que da, tiene cierto poder sobre el que recibe.

 

    - Si, tal cual, exacto, y eso me parece como mínimo muy egocéntrico y vivo confundido con ese tema. Tal vez vivo demasiado metido en mi propia burbuja, pensando que lo que hago y hace mi familia tiene mucho de lucha y de pelea. Es difícil decir lo que estoy diciendo porque corrés el riesgo de si no explicás bien, quedar en un lugar feo, de hijo de puta, pero hay un punto en el que siento que es la verdad, y no puedo no decir lo que yo creo que es la verdad. Como cuando toqué con Ricky Martin o con Diego Torres o cualquier boludez de esas que son muy criticadas.

 

    - ¿Por el público en la calle?

 

    - Sí.

 

    - Sabías que se te venía eso.

 

    - Sí, porque conozco este país y conozco lo que es vivir en este país, porque sé de lo que estamos hechos. Y porque también soy de este país y puedo llegar a decir en la soledad de mi casa: "¡Mirá este hijo de puta!"

 

    - ¿En qué te habrías vendido por tocar con Ricky Martin?

 

    - No sé, supongo que porque representa algo muy comercial.

 

    - ¿Existe todavía la diferencia entre música "seria" y la "comercial"?

 

    - Sí, creo que existe en la Argentina grosso. Mirá La Renga, el discurso del público de La Renga, de Los Rendondos, de Los Piojos.

   

    - Pero esos grupos han levantado imperios comerciales.

 

    - Sí, imperios gigantes y en un punto muy reaccionarios también.

 

    - ¿Por?

 

    - Qué se yo... La Renga hablando del piquete, no es así, para mí no es así. Porque me imagino un concierto donde lo que pasa es otra cosa, es más el cuerpo, el sentimiento sin pensamiento, sin la cara del piquete, no tan obvio. Sin esa cara tan reconocible porque de hecho todas esas cosas están formadas por personas que también se equivocan y están hechas por personas, es una lucha un poco ajena al corazón.

 

    - ¿Disfrutaste tocar con Ricky?

 

    - Sí, mucho, lo disfruté, fue una perversión muy divertida. Supongo que debe ser muy difícil ser él, lo veía y decía "pobre pibe", qué complicado en lo que está metido, lo encerrado que está en ese quilombo. Pero hay cosas que no hago. En la revista Gente nunca voy a aparecer: cuando aparecí fue porque me robaron la nota. Me sacaron fotos con mi mujer en la playa, y con la panza afuera diciendo "Soy un romántico". Y lo que me pareció muy grosso era que en toda la nota opinaban si tenía kilos de más, lo que em pareció de un fascismo, una porquería, ¿qué te importa? ¿Cómo escribís una nota y escribís si un tipo está gordo o flaco?

 

    - Vicentico, esa es la esencia de la revista Gente

 

    - Sí, claro, de hecho por eso no quiero aparecer ahí. Hasta me pongo paranoico y pienso "se están vengando porque les digo que no" y entonces me sacan una foto horrible con la panza y lo ponen.

 

    - A propósito, ¿qué relación tenés con tu panza? Debo decirte con poca solidaridad que me alegro cada vez que te veo gordo. Me sacás culpas.

 

    - ¿En serio? Pero te juro que hay veces que me pongo las pilas y logro adelgazar, pero ahora no puedo. Espero poder porque me siento incómodo pero me gusta mucho comer.

 

    - Volviendo a un tema que tocamos tangencialmente. Te invitan los piqueteros a su mesa, te sentás y ¿de qué hablás?

 

    - Agarraría persona por persona, una tarea inhumana, y le diría: "mirá, yo pienso que hay una vida aparte de todo lo que estás pensando. Lamentablemente, la felicidad de tu vida la podés lograr vos solo. No hay modo de que todo esto te salve de nada. A lo sumo te puede dar un Plan Trabajar con un poco más de guita lo cual es patético". Le diría: "mirá, hacé la prueba".

 

    - ¿Puede la clase media entender el dolor de esta gente?

 

    - No lo sé... (piensa). Me estoy arriesgando a quedar como un asqueroso en la Veintitrés, pero... ¡El dolor de esta gente! Esta gente es igual que nosotros, nació y se va a morir igual que nosotros, todos nacimos con las mismas posibilidades.

 

    - ¿Sí?

 

    - ¿Por qué no? ¿Quién te dice que no? ¿Desde dónde? No me siento diferente al rico, al pobre ni a nadie.

 

    - Con comida y una cama abrigada, ¿no tenés más posibilidades?

 

    - ¿Sí? ¿De qué? Digamos, según qué nos planteamos como la gran hazaña de tu vida. A mí me parece que la gran hazaña es lograr la felicidad de estar vivo y entender el mundo, ahí no creo que haya diferencia con nadie. De hecho conozco mucha gente que no tiene nada, en medio de las sierras, y es feliz. A esa felicidad apunto, no entiendo por qué estamos enroscados acá. Mi propósito es hacer mis canciones y mis discos, si no fuera por eso me iría a la Patagonia o al Caribe y me quedaría mirando el atardecer. Y en eso no hay diferencias. Pasa que estamos tan enfrascados en la discusión esta que todo lo que digo parece, no sé.... mal, pero no lo veo así. No soy diferente de ningún pobre, de ningún rico. Somos iguales, tenemos los mismos rollos. Cuando voy a una villa a filmar o lo que sea, y tengo la experiencia de estar 5 o 6 días, me veo con el que está al lado y digo "Mirá que bien que viven acá". Pero no cínicamente, de verdad. Cuando atardecía en la Isla Maciel y estábamos filmando, estábamos sentados con el sol cayendo en un lugar al aire libre, precioso. Y lo que se puede ver de feo ¿qué es? Una casa de chapa. Yo tengo una casa en el medio del campo y es de chapa y cuando voy ahí soy feliz. No me planteo si por otra parte tengo el orto o lo que sea de saber manejarme con la guita, con la compañía para tener guita y lo hago y no tengo culpa de eso. Con respecto a si podemos entender el dolor, también podemos entender que esa persona tiene todo para pelearla. Es raro lo que pasa, ¿no? No sé por qué hay gente que no puede comer en este país.

 

Nota: Osvaldo Bazán

Revista Veintitres

Junio 2004