PRENSA CADILLAC Y SUBCADILLAC DE TODOS LOS TIEMPOS 

 

 

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TITULO: "El éxito de los Cadillacs"

AUTOR: Carlos Polimeni

MEDIO: Diario Clarín

CIUDAD/PAIS: Buenos Aires, Argentina

FECHA DE PUBLICACIÓN: 10 de junio de 1987

 

COMENTARIO: El 5 y 6 de junio de 1987, en tres funciones, Los Fabulosos Cadillacs presentaban oficialmente "Bares y fondas" en el Teatro Astros, en plena Avenida Corrientes de Buenos Aires. El periodista Carlos Polimeni escribió para Clarín una dura crítica, en la que da una explicación arbitraria del creciente éxito, hablando despectivamente de ellos y de su público también. Comenzaba una tradición de desentendimiento de la prensa argentina para la propuesta de los Cadillacs, que -en menor medida- continua en la actualidad, muchas veces espantados por lo nuevo o lo diferente y usando el prejuicio como fuente de inspiración.

 

ALGUNAS FRASES:

 

"Los Fabulosos Cadillacs están protagonizando un fenómeno atípico: su éxito va en una relación casi inversamente proporcional con la calidad de su música. Y su éxito es mucho. Son una típica suma de muchachitos de familias bien que construyen el sueño de hacer lo que se les canta en un grupo de rock, y lo que se les canta tiene la diversión de lo barato, lo ríspido." (Carlos Polimeni)

 

"Si alguien pasara por la puerta del teatro, está suponiendo a su vez otro cronista, probablemente pensaría que en lugar de un recital de rock lo que acaba de terminar es una fiesta re-divertida de un club en que las chicas juegan hockey y los chicos juegan rugby. Los chicos y las chicas salen del teatro con el consumo encendido: mastican chicles, compran gaseosas, saborean alfajores." (Carlos Polimeni)

 

 

 

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En tres recitales —programaron uno pero hubo una avalancha de público que obligó a sumar funciones— el vasto grupo de Los Fabulosos Cadillacs completó una etapa de brillante repercusión porteña al presentar oficialmente, en un teatro de la calle Corrientes, su exitoso primer longplay, "Bares y Fondas".

    En el hall caluroso del Teatro Astros, decenas de adolescentes se apiñan contra un escritorio, luchando por acceder a los afiches de Los Fabulosos Cadillacs que la organización —previsora— ofrece a precios módicos. Acaba de concluir una de las tres funciones de presentación tardía del primer disco del grupo y es una juvenilia desenfadada la que se adueña de la ceremonia de desalojo del teatro.

    "En este momento, no sé bien por qué, pero me siento como viejo...", confiesa espontáneamente, a un lado de la marea, un músico de 37 años, integrante de un grupo de rock de notorio éxito actual. "Ha nacido la cadillacmanía, ha nacido la cadillacmanía...", se advierte, a un costado, un periodista de edad mediana, mientras observa la insólita puja por los afiches.

    Si alguien pasara por la puerta del teatro, está suponiendo a su vez otro cronista, probablemente pensaría que en lugar de un recital de rock lo que acaba de terminar es una fiesta re-divertida de un club en que las chicas juegan hockey y los chicos juegan rugby. Los chicos y las chicas salen del teatro con el consumo encendido: mastican chicles, compran gaseosas, saborean alfajores. En un reportaje aparecido esa mañana en el diario, uno de los Fabulosos, el cantante Vicentlco Fernández, ha dicho que las cosas que más detesta son los hippies y los críticos de arte.

    Los Fabulosos Cadillacs están protagonizando un fenómeno atípico: su éxito va en una relación casi inversamente proporcional con la calidad de su música. Y su éxito es mucho. Son una típica suma de muchachitos de familias bien que construyen el sueño de hacer lo que se les canta en un grupo de rock, y lo que se les canta tiene la diversión de lo barato, lo ríspido.

    Ellos no andan con vueltas. En los reportajes dicen que saben que tocan mal, y que las letras de los temas son malas, pero privilegian por sobre cualquier consideración estética la posibilidad que representa poder zafar juntos de las obligaciones de una vida rutinaria. Sus influencias son claras y foráneas: Selecters, Madness, The Jam, Bad Manners. En cierto sentido ofician de traductores-introductores de una tendencia ya vieja en el mundo, a partir del ska.

    Lo sorprendente en los triplicados recitales del Astros es que han programado musicalmente y avanzado hacia un redondeo visual, en que las desfachateces individuales terminan por crear una casi agradable sensación de conjunto. No se les puede pedir más. Acaso nunca sea tan redonda la ecuación de que sobre el escenario los artistas se constituyen en emergentes de su público y que le dan lo que a su juicio, merece.

    Seria inútil  -como al hablar de los cuartetos cordobeses o de Horacio Guarany- esbozar una crítica estrictamente musical cuando de Los Fabulosos Cadillac se trata. Ante un recital de este noneto juvenil los críticos de arte (lo que alegraría, quizás infinitamente, a Vicentico) deberían permanecer serenos en su casa. En cambio, Los Fabulosos dan para la sociología un campo de estudio tan apasionante como la actitud de aquellos muchachos peleándose por los afiches en el hall del teatro caluroso, una noche cualquiera de principios de mes. Carlos Polimeni.

 

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